Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 24 Febrero, 2012


ICE, INS, bancos... ¿Quién más? II

Costa Rica también tiene un historial de fracasos cuando el sector público se inmiscuye en el mundo empresarial, algunos ya son amargos recuerdos, desconocidos para las nuevas generaciones. El país vivió su peor pesadilla cuando se creó la Corporación Costarricense de Desarrollo (CODESA).
Eran los tiempos del “desarrollismo”, con la idea de generar empresas en áreas estratégicas para el desarrollo del país. Este modelo buscaba impulsar lo privado por medio del apoyo del Estado con instituciones como CODESA.
La estrategia era crear o participar en empresas para hacerlas rentables y después venderlas a empresarios privados. La idea hoy parece torpe, pero era la política global que prevalecía en esos tiempos.
Costa Rica estuvo durante más de una década pensando en este modelo, hasta que en 1972 decidió crear a CODESA. Un factor clave fue el ejemplo exitoso de instituciones como el ICE, el SNAA (después AyA), el INS, la banca estatal y el entonces glorioso CNP.
Costa Rica había llegado a casi todo el territorio nacional con energía eléctrica, telefonía y agua potable, mejorando el nivel de vida y los indicadores de salud. El CNP había sido un mecanismo clave para el desarrollo agrícola.
CODESA llegó a tener y participar en más de 40 empresas, ya sea en el campo del cemento, metálico, químico, atunero, en fin. El final fue un fracaso financiero y también como estrategia de desarrollo. La falta de visión empresarial y de liderazgo en sus altos niveles ejecutivos, la incapacidad para sobreponerse a la corrupción, la inexperiencia en ese tipo de negocios y la improvisación, terminaron haciendo de CODESA un fracaso del que siempre hay que aprender.
El éxito de empresas públicas como el ICE, los bancos y el INS se centra en que si bien tienen autonomía para operar, son instituciones que desde su origen tuvieron una visión de largo plazo que mezclaron en su “misión real” lo social y la eficacia (no tanto la eficiencia) en el logro de sus objetivos estratégicos.
Son instituciones que han tratado de estar a la vanguardia en los cambios tecnológicos y en las prácticas gerenciales, que han seguido de cerca los indicadores internacionales que miden la salud corporativa y que han tenido la capacidad de resistir a las marmitas que carcomen a las organizaciones públicas. Son instituciones que crearon una plataforma de personal calificado en todos los niveles que permitió el diseño y la ejecución de grandes proyectos. Estas instituciones han contado con grandes liderazgos en momentos claves de su desarrollo.
Estas instituciones no están inmunes a nada, como no lo está ningún tipo de empresa. Hoy el avance tecnológico, la fuerte competencia, la visión y capacidad de ejecución, velocidad y flexibilidad frente a los mercados, constituyen un desafío cada vez mayor. Las áreas estratégicas en que operan permitirán al país evitar la colusión en los precios y así hacer más transparente el mercado.

Arturo Jofré
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