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Jueves 26 Noviembre, 2015

Un país que no invierte y no contrata para no gastar, es un país que no produce y que se sumirá en la pobreza y en la desigualdad

El problema no es endeudarse, es para qué

El debate del presupuesto nacional para 2016 ha estado muy matizado en torno a reducción o no reducción del gasto público. Reducir por reducir no es la salida, como tampoco llenar el presupuesto nacional de gastos superfluos tampoco nos lleva a ninguna parte, más que generar deuda.
Costa Rica no puede renunciar al crédito para emprender obras de gran calado. Esa es una realidad que solo refutan los necios. El problema no está en endeudarse. El problema está en endeudarse para financiar el gasto corriente, el arroz y los frijoles de todos los días, o en hacer mal uso de ese crédito.


Una forma inteligente de endeudarse es generando encadenamientos productivos que se traduzcan en ganancias y utilidades. Debemos apostar a ser más competitivos, no podemos tener miedo a innovar. El discurso de socarse la faja, por socarse la faja, no es más que una frase trillada y politiquera poco realista de quienes no conocen los problemas del país, ni la receta del desarrollo de nuestros tiempos.
Mientras aquí seguimos enfrascados en discursos politiqueros, países como Finlandia, Chile e Israel, se preparan para ser cada día más pragmáticos, más innovadores y más competitivos.
Ya es hora de dejar de mirar atrás, e insistir en las prácticas tradicionales de una política obstruccionista que no hace más que alarmar a los costarricenses con argumentos seudoteóricos añejos.
No podemos dejar a los trabajadores sin remuneraciones, no podemos despedir en masa a los empleados públicos, no podemos dejar de pedir prestado y no podemos dejar de gastar; lo que sí podemos es enfocarnos en cómo atraer más inversión extranjera, cómo hacer que el sector público sea más ejecutivo y se rindan cuentas, cómo formar profesionales y técnicos cada vez más competitivos.
Un país que no invierte y no contrata para no gastar, es un país que no produce y que se sumirá en la pobreza y en la desigualdad.
En esa perspectiva, la educación se ha convertido en nuestros días en uno de los principales generadores de desarrollo y bienestar social.
Según el IV Informe del Estado de la Educación, la economía costarricense está transformándose aceleradamente, incorporando cada vez más el componente tecnológico.
En medio de esta coyuntura, el Grano de Oro del país dejó de ser el café y pasó a ser el desarrollo de la tecnología y la medicina de primer mundo, por lo que es urgente fomentar programas de becas en el extranjero y alianzas estratégicas entre sector público y privado.
El sector empresarial, el sector educativo y el gobierno deben trabajar juntos con los costarricenses y prepararlos para enfrentar los retos que implica la revolución tecnológica. La educación técnica enfocada en alta tecnología debe plantearse de la mano con las necesidades empresariales actuales.
Es esa la batalla que debemos dar, no se trata de convertir a Costa Rica en Costa Pobre, porque así solo aumentaríamos la desigualdad social. Se trata de que cada tico se empodere del nuevo Grano de Oro y seamos atractivos no solo por nuestro talento, sino por incentivos para las empresas que se queden en el país y la eficiencia para combatir la “tramitomanía” que hoy nos ahoga.
Me parece que ese es el marco con que debe encararse el debate presupuestario que ocupa hoy la atención de la Asamblea Legislativa, y que nos prepare para entrarle a la discusión de la reforma fiscal, que seguramente arribará al Congreso en diciembre.

Humberto Vargas Corrales
Diputado