El desarrollo urbano no debe confundirse con crecimiento sin planificación. Un Plan Regulador definirá el rumbo de un cantón durante las próximas décadas y, precisamente por eso, debe construirse sobre evidencia técnica sólida, incorporar las observaciones que contribuyan a fortalecerlo y garantizar que las decisiones finales respondan a los mejores criterios disponibles.
Como vecina de Los Yoses, he seguido con atención el proceso de actualización del Plan Regulador de Montes de Oca. No escribo estas líneas para oponerme al desarrollo ni para defender que nuestro cantón permanezca inmóvil. Estoy convencida de que Montes de Oca necesita una planificación moderna que permita crecer de forma ordenada, proteger sus barrios y responder a los retos de movilidad, vivienda y desarrollo económico.
Precisamente porque comparto ese objetivo, considero que el momento actual merece una reflexión serena. No sobre la conveniencia de contar con un nuevo Plan Regulador, sino sobre la solidez técnica que debe respaldar un instrumento de esta trascendencia.
El debate ya no debería centrarse en si queremos o no un nuevo Plan Regulador. La verdadera pregunta es otra: ¿estamos seguros de que el documento incorpora toda la evidencia técnica necesaria para orientar el desarrollo del cantón en el largo plazo?
Planificar una ciudad exige convicción para tomar decisiones, pero también humildad para revisar aquello que todavía puede fortalecerse.
Una advertencia desde dentro de la propia comisión
Esa inquietud no surge únicamente de vecinos preocupados. Wendy Molina Varela, investigadora del Centro Centroamericano de Población de la Universidad de Costa Rica, es además miembro de la propia Comisión Especial Estratégica Territorial (CEET) -la instancia responsable de este proceso-. Sus observaciones no cuestionan la necesidad de un nuevo Plan Regulador; cuestionan si algunas de las decisiones propuestas cuentan con el sustento técnico suficiente para justificarlas.
Su señalamiento principal es que el diagnóstico carece de un análisis demográfico riguroso: los escenarios de crecimiento planteados no se apoyan, según ella, en cálculos poblacionales sólidos. Según sus propias cifras, basadas en información oficial, Montes de Oca no enfrenta un déficit de vivienda formal, sino más bien un superávit.
Ese señalamiento abre una discusión de fondo. Si el análisis demográfico que sustenta el modelo de crecimiento genera cuestionamientos desde la propia comisión técnica, resulta razonable preguntarse si el diagnóstico requiere fortalecerse antes de aprobar un instrumento de esta trascendencia para el cantón.
A esto se suma el riesgo de inundación. Los eventos ocurridos en Barrio Dent, Barrio Escalante y el entorno de la quebrada Los Negritos, con pérdidas materiales significativas para varias familias, evidencian que la planificación debe incorporar con mayor fuerza la capacidad real del alcantarillado pluvial y las condiciones ambientales actuales. Molina Varela pidió formalmente revisar las densidades propuestas en esas zonas, y fue explícita: "hago un llamado respetuoso pero vehemente... para que se haga un alto en el camino con este plan regulador y sea revisado técnicamente". También solicitó declarar a Los Yoses como Zona de Control Especial, en reconocimiento a un patrimonio arquitectónico que la comunidad ha documentado desde hace más de quince años.
Más allá de que se compartan o no todas estas observaciones, resulta difícil sostener que puedan ignorarse cuando provienen de una especialista que participó activamente en la construcción del propio proceso.
Preguntas que siguen abiertas
A estas preocupaciones se suma la Asociación de Vecinos de Los Yoses, que ha insistido en conocer los criterios técnicos detrás de alturas, densidades y usos de suelo, y en entender si la infraestructura podrá soportar el crecimiento proyectado, sin oponerse a la actualización del Plan ni al desarrollo del cantón.
Durante el proceso también se emitieron respuestas institucionales a parte de las observaciones planteadas por la Asociación de Vecinos. Sin embargo, persisten cuestionamientos técnicos respecto a temas centrales como el sustento demográfico del modelo de crecimiento, el riesgo de inundaciones y la protección patrimonial de Los Yoses. Precisamente por ello, considero que el diálogo técnico aún puede enriquecerse antes de concluir el proceso.
Un desarrollo compatible con nuestra identidad
Quienes vivimos en Los Yoses entendemos que las ciudades cambian. Nuestro barrio siempre ha convivido con universidades, oficinas, comercios, restaurantes y servicios profesionales. Nadie pretende convertirlo en un museo ni impedir su evolución.
Lo que muchos vecinos defendemos no es un modelo de ciudad inmóvil. Defendemos una forma distinta de crecer: una que fortalezca el patrimonio urbano existente, promueva comercios de proximidad, espacios culturales, galerías, cafeterías y actividades compatibles con la vida residencial. Un crecimiento que responda primero a la capacidad real del territorio y luego a las posibilidades de desarrollo inmobiliario.
Por eso, cuando algunos vecinos expresamos que no queremos otro Barrio Escalante, no estamos rechazando el desarrollo ni cuestionando el éxito comercial de ese sector. Expresamos la preocupación de que cada barrio conserve su propia identidad y que cualquier transformación esté respaldada por evidencia técnica suficiente, no solo por aspiraciones de crecimiento.
Todavía estamos a tiempo. El Plan Regulador aún no ha sido aprobado por el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU), no cuenta con viabilidad ambiental, no ha sido sometido a audiencia pública ni ha sido acogido por el Concejo Municipal. Es decir, el proceso aún contempla etapas en las que es posible fortalecer la propuesta y atender las observaciones técnicas que se han planteado.
Las mejores decisiones públicas no son necesariamente las que se toman más rápido, sino las que mejor resisten el paso del tiempo. Si todavía existen observaciones técnicas relevantes provenientes de especialistas, comunidades organizadas e incluso de integrantes del propio proceso, escucharlas no debería entenderse como un obstáculo para el desarrollo. Al contrario: constituye una oportunidad para construir un Plan Regulador más sólido, más legítimo y más capaz de responder a las necesidades del Montes de Oca que heredarán las próximas generaciones.
Por Patricia Maroto Hernández / Vecina Barrio Los Yoses





































