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Despilfarro multimillonario

• Tercera entrega de una exitosa franquicia, ofrece trucos impresionantes y un guion opaco

La momia: La tumba del emperador dragón
(The Mummy: Tomb of the Dragon Emperor)
Dirección: Rob Cohen. Reparto: Brendan Fraser, Jet Li, Maria Bello, Michelle Yeoh.
Duración: 1.52. Origen: Alemania-Canadá-Estados Unidos 2008. Calificación: 5.

La imagen más representativa de “La momia: La tumba del emperador dragón”, es posiblemente la toma inicial, en la cual se utiliza el logotipo de los estudios Universal para presentar el lugar de la acción. Es una forma bonita de recordarnos que estamos ante un producto industrial, fabricado por una gran empresa transnacional, donde importan poco los aportes individuales de los artistas involucrados. Aquí, lo que cuenta es confeccionar un ágil pasatiempo masivo, que sirva como excusa para consumir gaseosas y palomitas de maíz.
Esta tercera entrega de una exitosa franquicia, recicla la fórmula de sus predecesoras, “La momia” (1999) y “La momia regresa” (2001). Aunque el título evoca una figura clásica del cine de terror, el contenido no es nada terrorífico. Es una diversión del tipo Indiana Jones, mezclando aventuras, humor y fantasía. Ya que la saga de Indiana Jones reinventa con ironía los mecanismos del cine popular, la serie de “La momia” es básicamente una parodia de una parodia.
Esta vez, el relato no se ubica en Egipto, sino en China. El héroe comparte protagonismo con un hijo adulto, que parece más bien su hermano. Rob Cohen sustituyó a Stephen Sommers en la silla del director, y la actriz Maria Bello tomó el lugar de Rachel Weisz. Por lo demás, todo sigue absolutamente igual.
El aventurero Rick O’Connell y su familia, luchan para detener la amenaza del diabólico Emperador Han. Hace más de 2 mil años, Han cayó víctima de un hechizo y fue convertido en una estatua, junto a su poderoso ejército. En 1946, despertado por los miembros de una expedición arqueológica, el malvado tirano retoma su plan de esclavizar a la humanidad entera.
Los trucos ocupan un lugar de privilegio, en este filme concebido como una montaña rusa de emociones superficiales. No se puede negar que los efectos especiales son impresionantes, sobre todo en cuanto a las distintas mutaciones del villano, quien llega a transformarse en un dragón de tres cabezas. Claro, la excelencia técnica es lo mínimo que se le puede exigir a una mega-producción, con un costo declarado de $170 millones. Aún así, la batalla entre ejércitos de muertos vivientes, es un obvio mosaico de figuras generadas por computadora. No se ve real , sino que parece una pantalla de un videojuego.
Otras cualidades formales, incluyen un fastuoso diseño escenográfico y una pulida fotografía a colores. En cambio, las actuaciones son generalmente desganadas y los diálogos no tienen brillo. Como se evidencia en sus aparatosas secuencias de acción, “La momia: La tumba del emperador dragón” está elaborada con profesionalismo, pero no tiene estilo ni personalidad.
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