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Conforme se aumente su porcentaje en la mezcla con hidrocarburos mitigaría más el costo al consumidor
Biocombustibles tendrían poca influencia en precios

• Plan se enfoca en generación de empleo, reactivación de la agricultura y desarrollo social de zonas deprimidas económicamente

Eduardo Baldares
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Si bien la apuesta a los biocombustibles se enfila a disminuir la dependencia de los hidrocarburos importados, su puesta en marcha no prioriza la disminución de los precios finales para el consumidor, al menos a corto plazo.
Por el contrario, el plan apostará más a otros aspectos como por ejemplo la generación de empleo.
“No estamos apostando al abaratamiento del combustible para consumo interno, sino a dejar de importar una fracción importante de él a cambio de retribuir localmente por medio de generación de empleo, reactivación de la agricultura y desarrollo social de zonas deprimidas económicamente”, detalló Orlando Vega, gerente del Programa Nacional de Agroenergías del Ministerio de Agricultura y Ganadería.
“Con el Minae estamos tratando de que esto se haga con el menor impacto ambiental posible”, añadió.
A partir de octubre las gasolinas tendrían una mezcla inicial de un 7% de etanol y en el caso diésel se comenzaría con un 2%, “pero la meta es ir incrementando los porcentajes”, afirmó Vega, quien adelantó que en unos tres años, además de combustible a partir de caña y palma aceitera, también se utilizarían yuca y jatrofa; además, hay un proyecto con higuerilla.
Si bien el precio del etanol y el biodiésel no se subsidiará, se estudia que solo la proporción correspondiente a biocombustibles en la mezcla no pague el impuesto único (entre un 20% y un 30%, variando trimestralmente de acuerdo con la inflación), sino solo el impuesto a las ventas (13%), lo que atenuaría muy poco el precio final del diésel, y un poco más el de la gasolina, al menos al principio del plan que se proyecta hasta 2020.
“Todo lo que podamos pellizcarle a la factura petrolera, que este año superaría los $2 mil millones, es ganancia para el país, y tenemos claro que esto se hará sin tocar áreas propicias para cosechar alimentos”, amplió Vega.
“Costa Rica tiene un potencial enorme con el alcohol de la yuca, por la fermentación tan enorme que provee esta, incluso superior al maíz, base del etanol de Estados Unidos y Brasil”, explicó Alex May, jefe del Programa de Biotecnología del Departamento Fitosanitario del Estado. “Los desechos de piña y banano también podrían ayudarnos a desarrollar una industria energética más limpia”, amplió.
May y Vega coincidieron en que Costa Rica tiene un potencial enorme que se podría desarrollar conforme se avance hacia la tercera generación de la biotecnología, que permitirá ver resultados concretos a través de los productos derivados de plantas genéticamente mejoradas, y una de esas aplicaciones serán los biocombustibles.

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