¡Ahora sí hay norte!
Podemos afirmar que es un gobierno socialdemócrata a la antigua, al que quería regresar Araya en el PLN, o al menos eso decí...
Podemos afirmar que es un gobierno socialdemócrata a la antigua, al que quería regresar Araya en el PLN, o al menos eso decía
Algunos hemos llamado la atención sobre la falta de horizonte y visión programática de la administración Solís Rivera. Sin embargo, en las últimas semanas esas dudas se han disipando con decisiones claves, decidió gobernar —decidir— y de paso dividir.
Podemos afirmar que es un gobierno socialdemócrata a la antigua, al que quería regresar Araya en el PLN, o al menos eso decía. Empero, en meses podría evolucionar hacia un socialismo más profundo o degenerar en un gravísimo populismo.
Divaga entre un socialismo pragmático —lo más apropiado— y otro de corte trasnochado y destemplado, acondicionados a la promulgada etiqueta de “Estado social de derecho”.
Solís conformó su gabinete en tractos, amarrado a la fuerza, sin proyecto que lo cohesionara; al punto que cuando presentó el Plan Nacional de Desarrollo solicitó a sus ministros y jerarcas ajustar los programas y acciones de conformidad a lo planteado en ese documento.
El primer decreto de Solís —siempre esperado para ver las primeras líneas del nuevo gobierno— promulgó una declaración de “emergencia” de unos simples alcantarillados. Pudo haber sido más oportuno el levantamiento del veto a la Reforma Procesal Laboral, pues este es un tema “gordo”, importante y determinante, que permitía leer la orientación de la nueva administración desde el arranque.
Hoy, con el aumento irresponsable del presupuesto a las universidades públicas, con otro de miopía política en la aprobación del presupuesto nacional, con el anuncio de más impuestos antes de ajustar el debido cobro de los actuales, con el veto a la mencionada ley y más, la administración Solís ha definido su rumbo. Importante para que los actores sociales, económicos y políticos tengan claridad de las arenas en que se verán durante cuatro años.
El Presidente ha escogido sus aliados. Los sindicatos —siempre han estado cerca— tienen prioridad sobre las cámaras empresariales, además, son menos pero con más galillo, hacen más ruido. El FA —más sólido, más coherente y con proyecto— es prioridad sobre el PUSC.
Mientras los sindicatos en campaña intercambiaban con el entonces candidato, las cámaras torpemente le ninguneaban imaginando a Araya (PLN) gobernando, una torpeza política más que les caracteriza.
De igual forma el FA y el PAC desde la campaña manifestaron su afinidad de agenda, con la diferencia de que el primero la tiene estructurada y el segundo apenas empieza a hacerlo.
Las relaciones de los “hombres del Presidente” —Melvin Jiménez, Morales Zapata y Mariano Figueres— con todo y sus debilidades, son determinantes con los sindicados y otros grupos de presión. Para la Reforma Procesal Laboral —medalla grande— han de haber negociado meses o años de tregua, necesaria para el Presidente. Tregua que el FA y los sindicatos solo romperán en el periodo previo a las Elecciones 2018, recuerde que hoy el FA tiene vocación de poder. Si esto no lo negociaron será un grave error táctico.
Pero más error es olvidar la premisa del libertador José de San Martín, que alguna vez dijo: “Mi nombre es lo bastante célebre para que yo lo manche con una infracción a mis promesas”.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo