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Jueves 29 Noviembre, 2012

La clase gobernante se ha dedicado a difundir la idea de que Costa Rica es ingobernable, como pretexto de su incapacidad o falta de voluntad para acometer con éxito las demandas ciudadanas y dar solución a los problemas


El mito de la ingobernabilidad

Estamos desconcertados por la incapacidad del Gobierno de la República para atender las demandas ciudadanas y dar solución a los problemas que sufre el país; indignados con la corrupción y la demagogia política y muy molestos por la traición de la clase política a los postulados del Estado democrático y social de derecho.
La clase gobernante parece no inmutarse ante esta angustia. Más bien, de manera conformista, se ha dedicado a difundir la idea de que Costa Rica es ingobernable, como pretexto de su incapacidad o falta de voluntad política para acometer con éxito las demandas ciudadanas y dar solución a los problemas.
Es “falso” y muy “peligroso” oficializar el discurso de la ingobernabilidad. Falso, porque los problemas que tenemos en el país son los que normalmente se producen en cualquier sociedad: construir una carretera, arreglar un puente o brindar salud y educación al pueblo. Guardando la proporción, es lo mismo que cada habitante enfrenta en su casa cuando se descompone una cañería, la instalación eléctrica o alguna puerta.
Ingobernable es un Estado donde las instituciones públicas han colapsado, el gobierno es incapaz de tomar decisiones y ha perdido legitimidad; donde la economía y el sistema productivo se encuentran paralizados, quebrados o sumidos en la inseguridad total; donde la sociedad se encuentra envuelta en el caos social y la desobediencia civil. Ingobernable es un Estado que cuenta con escaso o ningún reconocimiento por parte de otros países. En Costa Rica no tenemos ninguno de esos problemas.
El discurso de la ingobernabilidad es peligroso. Primero, porque desde el ámbito ideológico se vuelve un insumo perfecto para quienes defienden la ley de la oferta y la demanda, un Estado mínimo y la reducción de los derechos sociales, educación, salud… (suerte que el presidente Obama fue reelecto).
Segundo, porque a otros sirve de justificación, a pesar del incremento de la corrupción pública y privada, para proponer el debilitamiento de los mecanismos de control: Sala Constitucional, Contraloría General, Auditorías Internas y Defensoría de los Habitantes.
Por último, el discurso de la ingobernabilidad, el de la vagabundería institucional, también es peligroso porque nos inculca la idea de que el Estado democrático y social de derecho carece de las herramientas para propiciar un buen gobierno. Este discurso podría ser la gran excusa que algunos están buscando, para promover, de manera disimulada, formas de gobierno autoritarias, bajo la rimbombante, perversa y contradictoria expresión de la “dictadura en democracia”.
El problema principal de Costa Rica es de actitud. Mientras en Estados Unidos el Presidente dice: “yes, we can.” En Costa Rica nuestra presidente Laura Chinchilla dice: “no, we can not.” Mientras otros países ganan olimpiadas, rompen las fronteras del espacio y superan con éxito los problemas que provocan los huracanes, nuestro gobierno no sabe cómo arreglar un puente.
No comprendo cómo una persona que dedicó su vida a la política, recorrió el país e invirtió millones de colones en campañas electorales para ser Presidente de la República, una vez en el poder, sin sonrojarse siquiera, diga que el país es ingobernable.
Personas con este perfil, que no saben, no quieren o no pueden gobernar, por dignidad personal y respeto a la ciudadanía, deberían renunciar. O mejor aún, los ciudadanos deberíamos tener la opción constitucional de revocarles su mandato.

Alex Solís
Constitucionalista