Una de las personalidades que más me ha impactado al conocerlas personalmente y establecer con él una ligera pero rica y sincera amistad, surgida de un trabajo común que se nos encargó, fue Walter Kissling Gam.
En 1998 fui candidato presidencial, por primera vez, del Partido Fuerza Democrática. Esa experiencia política fue muy rica para mi vida personal. Me obligó a incorporarme de manera muy activa en la vida política nacional y electoral, a conocer desde las entrañas cómo operaba la institucionalidad y el sistema electoral en esos años, y cómo funcionaba el sistema político en su conjunto, especialmente, en un período electoral.
Desde entonces hasta ahora, con dos procesos electorales adicionales como candidato presidencial del Partido Fuerza Democrática, en el 2002 y el 2006, revaloré mi experiencia, y fortalecí mi conocimiento sobre el funcionamiento democrático nacional, y aprecié la democracia como sistema de vida que hemos desarrollado desde la Independencia.
Desde esa época, febrero de 1998, después de salir de las elecciones fui invitado a escribir, semanalmente, un artículo en el periódico Al Día, del Grupo La Nación, la que se publicó hasta el 2008, cuando se cerró ese periódico y cuando fui nombrado Embajador en Venezuela del 2008 al 2010.
Al terminar la elección del 2006 opté por mi retiro de la vida electoral activa, no así de mi vida activa en el escenario político nacional como comentarista, o analista, de la vida política cotidiana, y de temas históricos y sociales. A mi regreso de Venezuela el periódico La República me abrió las puertas para continuar escribiendo semanalmente, hasta hoy, una columna, primero en su periódico impreso, y ahora en su edición digital. Esto me mantiene presente y activo intelectualmente para amigos y lectores. Y, este oficio de leer y escribir me da más vida.
La Campaña electoral de 1997-1998 fue muy intensa, dura, difícil para Fuerza Democrática como partido que era, surgido para la elección de 1994, donde eligió dos diputados. Nuestra consigna, por el color de la bandera que empleamos en las elecciones de 1998 fue “Dele un naranjazo al bipartidismo”, refiriéndonos a los partidos Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana que postulaban respectivamente a José Miguel Corrales Bolaños y a Miguel Angel Rodríguez, como los candidatos más importantes, partidos que habían venido alternando como ganadores y como gobiernos, y también como fuerzas ampliamente dominantes en la Asamblea Legislativa. Sinceramente creo que esa campaña, con nuestra participación y mensajes políticos, preparó el ambiente y las condiciones para el más profundo cuestionamiento que se le hizo a los partidos del bipartidismo, las fisuras y fracturas que se ocasionaron en ellos y para el surgimiento del Partido Acción Ciudadana a inicios de este siglo.
La prensa en esa campaña, como en las anteriores, solo daba importante atención a los partidos Unidad Social Cristiana y Liberación Nacional, para todos los efectos, entrevistas y debates. Cuando organizaron el supuesto debate definitivo final en vísperas de las elecciones de febrero, interpuse un Recurso de Amparo ante la recién fundada Sala Constitucional, que el Magistrado Rodolfo Piza Escalante resolvió dándome la razón de que en esos debates, con fondos públicos, se debía tomar en cuenta a todos los candidatos, lo que se impuso desde entonces. Se suspendió el debate y me hizo sobresalir. Eso me dio, en ese momento, más presencia pública de la que ya tenía como dirigente estudiantil universitario que fui en mis años de estudiante, y como profesor y autoridad académica que tenía en esos años también.
La elección muy ajustada de 1998 resultó favorable para Miguel Angel Rodríguez Echeverría. En mi opinión como candidato en esa elección, Miguel Angel era mejor candidato que José Miguel, mucho más preparado profesionalmente y de más larga experiencia política.
Se desenvolvía más y mejor que el candidato liberacionista. En los pocos debates que participé con ellos era más sólido argumentalmente Miguel Angel, más teórico, más doctrinario, más político, mientras, para mí, José Miguel era más politiquero, más flojo conceptualmente, más electorero. A Miguel Angel lo percibía con más visión de país en el largo plazo, a José Miguel más inmediatista, hasta llegó a proponer la Tercera República, sin tener nada que la sustentara.
Políticamente Miguel Angel respondía más a los intereses conservadores del país y José Miguel a los menos conservadores, considerado para algunos efectos más reformista o progresista. Al menos así los considerábamos, en ese momento, para la Dirección Política del Partido Fuerza Democrática, porque era también la imagen que había de ambos partidos en la tradición electoral de esos años. De esa forma se esperaba de mis participaciones en debate que yo me enfrentara más duramente a Miguel Angel que a José Miguel. Pero en la práctica yo era el candidato y el que tenía que debatir. En el debate quien se ponía más al frente para confrontarlo y darle más duro era José Miguel, que era lo que producía aplausos y eventualmente votos.
Yo era el que “ganaba” votos en ese sentido, a pesar de algunos compañeros que me criticaban por no invertir la fuerza de mis argumentos contra Miguel Angel, en vez de hacerlo contra José Miguel. Así tuvimos un resultado electoral satisfactorio. Salimos como tercera fuerza electoral, con tres diputados electos, José Manuel Núñez González, José Merino del Río y Célimo Guido Cruz, con alguna presencia en municipalidades.
Mi sorpresa, al día siguiente a la elección fue la llamada del Presidente electo Miguel Angel Rodríguez, que quería visitarme junto a la Dirección del Partido, como primera visita que hacía de presidente electo a los candidatos que habían participado. Así lo recibimos en mi casa en la mañana del martes, donde intercambiamos aspectos del proceso electoral y de su futuro gobierno, poniéndonos a la orden en lo que pudiéramos mutuamente colaborar.
En ejercicio del Gobierno Miguel impulsó proyectos que apoyamos como partido en la Asamblea Legislativa, como el de la Ley de Protección al Trabajador, la Reforma más importante que se hacía desde 1943 a la legislación laboral del país, aprobada el 16 de febrero del 2000. También emitió el Código de la Niñez y de la Adolescencia en 1998, que apoyamos entre otros proyectos de ley.
Entre sus preocupaciones, Miguel Angel Rodríguez impulsó un proyecto muy ambicioso, como no se había realizado antes en el país. Convocó un Proceso de Concertación Nacional en 1998.
El Proceso de Concertación estaba dirigido a procurar una agenda común con el propósito de buscar acuerdos, que permitieran impulsar acciones de gobierno y leyes. En este sentido invitó a participar activamente a todo el movimiento cooperativo nacional, a las diferentes cámaras de empresarios, en las distintas actividades que estaban agrupados, a todo el movimiento solidarista, a los grupos que se reunían en Consejo Nacional de Asuntos Indígenas, a la Asociación Cristiana de Jóvenes, a todo el Bloque Magisterial costarricense con sus distintas asociaciones y sindicatos, a todas las centrales y confederaciones sindicales y a sindicatos individualmente considerados, a todos los partidos políticos que habían participado en las elecciones de 1998 y a las fracciones de diputados que fueron electas de los partidos Unidad Social Cristiana, Liberación Nacional, Fuerza Democrática, Movimiento Libertario, Integración Nacional, Renovación Costarricense y Acción Laborista Agrícola.
De esa manera la convocatoria e invitación que hizo el presidente a la Concertación Nacional reunió en la práctica casi 300 organizaciones, que de distinta manera se integraron y con diferentes intensidades de participación.
Importante en todo ese proceso fue que las decisiones que se tomaran debían ser por unanimidad, con derecho a veto de cada participante, con la intención de lograr la mayor confianza en el proceso. Los temas fueron amplios y variados, entre ellos, de economía, política, gobierno, aspectos sociales, educación. En mi opinión todo el procedo fue exitoso pero no logró su cometido principal, porque dos temas no lograron la unanimidad que se había establecido para aprobarlos, la apertura del ICE y del INS, lo que provocó que el resto de los acuerdos no tuviera un buen resultado.
La parte conductora del proceso de Concertación Nacional se puso en manos del Consejo Nacional de Rectores, CONARE, la Oficina de Planificación de la Educación Superior, OPES, y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD.
La Secretaría Ejecutiva y Técnica de la Concertación estuvo en manos de Helio Fallas Venegas, que representaba a la Conferencia Episcopal, Roberto Tobar Faja y Danilo Chaverri Soto del Ministerio de la Presidencia y representantes de las universidades estatales.
Igualmente el Gobierno de Miguel Angel integró un Consejo Directivo de la Concertación Nacional, donde mi invitó a mí, personalmente, por mi participación en la campaña electoral y como representante de la tercera fuerza electoral de ese momento.
Así, la Mesa Directora de la Concertación Miguel Angel la integró, entre otros, con Danilo Chaverri Soto, como Presidente, con el empresario Walter Kissling Gam, con la profesora Rosemary Karpinski Dodero, primera Presidenta de la Asamblea Legislativa en 1986 y candidata a la Vicepresidencia de la República en 1998, y con Vladimir de la Cruz de Lemos.
En ese momento, yo no tenía relación alguna con Miguel Angel. Conocía su trayectoria política desde que había colaborado con el gobierno de José Joaquín Trejos Fernández. También conocía su trayectoria parlamentaria y su papel destacado en el movimiento socialcristiano internacional. Igualmente sabía de su paso como empresario. Antes de eso lo recordaba visitando a su entones novia, doña Lorena Clare Facio, luego su señora y Primera Dama, cuando yo también iba a esa casa y coincidíamos en el espacio, algunas veces invitado por Luis Alberto, hermano de doña Lorena, en la época en que ambos nadábamos competitivamente y éramos muy amigos. En esos días nunca intercambiamos una sola palabra, hasta el momento de la campaña electoral donde empezamos a conocernos, y a establecer un fuerte lazo de amistad como lo cultivamos hasta hoy.
Allí tuve oportunidad de conocer y tratar, al calor de la sesiones y trabajos del Proceso de Concertación al ciudadano Walter Kissling Gam, que me impresionó desde el primer momento que establecí contacto personal con él.
Cuando el presidente Miguel Angel me invitó a participar en esa Mesa Directora y me informó de sus integrantes me obligó a investigar un poco sus vidas, que de algunos conocía datos y trayectoria. Del que menos sabía era de Walter Kissling Gam.
De él supe de su vida desde niño, que había nacido en Limón, que era descendiente de europeos, su padre Walter Kissling Rickli, suizo y su madre Adela Gam Secen, austriaca, que eran ambos cinco años más joven que mis padres, nacido en 1931, familia de recursos económicos que los había perdido con la Primera Guerra Mundial, lo que lo hizo crecer con dificultades y estrecheces, que le formaron temperamento, carácter y manera austera me parece de ver la vida. Se dice que de joven vendió chocolates en bicicleta. Supe que era casado con Cecilia Jiménez Lara con quien tenia cinco hijos.
La influencia más importante en su infancia y adolescencia se la dio su madre, que le estimuló el estudio hasta el colegio. No llegó a hacer estudios universitarios. La guerra civil de Costa Rica lo atrapó graduándose de Bachiller del Colegio Seminario, en 1948.
A partir de ese momento se involucró en el trabajo, primero con recepcionista de hotel, lo que le permitió iniciarse como vendedor por siete años de productos farmacéuticos. Este trabajo lo vinculó a Kativo Chemical, por diez años, asumiendo un papel destacado en esta empresa que luego la logró desarrollar para toda Centro América.
En 1967, cuando la Kativo fue adquirida por HB Fuller le nombraron vicepresidente para Latinoamérica, a la vez que conservaba la gerencia de Kativo Chemical. Aquí empezó a destacar como líder empresarial llegando a ser vicepresidente sénior de operaciones internacionales y vicepresidente ejecutivo y director de operaciones. En HB Fuller su destacado trabajo lo llevó en 1995 a Director Ejecutivo hasta 1999 que se jubiló, reconociéndosele como un líder empresarial internacional, especialmente en el campo de los sistemas avanzados de tecnología de la información.
Su vida también se vinculó muy intensamente al INCAE, la institución que nació al calor de la visita del presidente Kennedy a Centroamérica, en 1963. La Cumbre de presidentes centroamericanos materializó en 1964, apoyados por Harvard Business School, que se abriera el INCAE como proyecto de graduación del Programa de Alta Gerencia-PAG, en Guatemala. Así, se abrió el camino desde entonces el INCAE formando profesionales que permitieran transformar la forma de hacer negocios en Latinoamérica y en Centroamérica, respondiendo a las necesidades del mercado, con sólidos valores éticos e impulsando liderazgos responsables.
La situación en Centroamérica creó las condiciones para que en Costa Rica se estableciera la sede del INCAE, bajo el gobierno de Luis Alberto Monge Alvarez, 1982-1986, sede que hoy lleva el nombre de Walter Kissling Gam, quien asumió la presidencia del Consejo Directivo del INCAE. Bajo su presidencia se fortalecieron los estudios de postgrados en Gerencia de Exportaciones No Tradicionales, Política y Gerencia de Recursos Energéticos y Pequeña y Mediana Empresa, en Administración Funcional, en Competitividad y Desarrollo Sostenible, en Innovación e impacto global y el Programa Ejecutivo de salud global, entre otros.
Así, fue incorporado a la Dirección de la Concertación, donde lo conocí, lo traté y respeté su opiniones siempre certeras directas y concretas, de los asuntos que discutíamos. Vi en él como desde su visión de empresario le preocupaba cuál debía ser el papel del sector empresarial ante los retos y desafíos del país, y de cómo conducir los resultados del proceso de Concertación en esa dirección nacional y patriótica.
Esa visión la había impulsado antes de la Concertación cuando promovió en 1997 el foro nacional denominando “Encuentro de Líderes Empresariales; Nuestro rol en la construcción del Futuro”, que involucró casi 300 participantes. Su preocupación social lo llevó a constituir la Alianza Empresarial para el Desarrollo, procurando una mejor relación del sector empresarial con otros sectores de la sociedad como las ONGs.
Walter Kissling Gam presidió el INCAE por 16 años, fue director del Banco Central, socio fundador del Banco Banex, presidente de la Cámara de Industrias, director de la empresa Atlas y en 1997 era miembro de la Junta Directiva del Grupo Nación.
En mi trato con él lo percibí desde el primer momento como una persona con gran capacidad de relacionarse, de manera amable, empática, con facilidad para conversar y para compartir con personas de diferentes orígenes y pensamientos. Siempre era muy positivo lo que permitía una relación agradable con él. Su comportamiento le nacía naturalmente. No se veía en sus relaciones nada impostado, artificial o fingido. Era claro para expresar lo que quería. Prestaba mucha atención y escuchaba con respeto, valorando lo que se planteaba o discutía, sin prejuicios frente a sus interlocutores, con lo cual siempre genera confianza. Su trato y presencia era también de gran humildad, de persona altamente educado en los valores del trato social. En el proceso de la Concertación actuaba con gran sentido de observación.
Personalmente era persona de fácil acceso, sonriente, de trato amable, de hablar bajo, de gran optimismo. Era, así lo recuerdo, una buena persona, genuino, auténtico en lo que él era y significaba social y empresarialmente, sin aspavientos, con capacidad de hacer y resolver sin drama lo que había que enfrentar, como cuando se impuso cumplir el acuerdo de la unanimidad para las votaciones en la Concertación.
Cuando falleció, lo confieso, su muerte me impactó mucho por lo que lo llegué a apreciar en la Concertación como persona, que me hace recordarlo siempre como ese buen empresario, preocupado por el desarrollo nacional de forma ética y responsable, aspectos que hoy faltan mucho en la visión pública de lo que se quiere hacer del país, sobre todo cuando desde esas políticas y acciones públicas se amenaza y reprime a sectores empresariales y productivos aprovechando la institucionalidad del Estado, para someterlos a los intereses de quienes ocupan puestos por ocasión o circunstancia de vivencia palaciega de corto plazo, sobre todo cuando hay graves amenazas de perder la democracia nacional, que la tienen amenazada como al Estado de Derecho vigente desde hace 200 años.
Hoy hacen falta muchos Walter Kissling Gam, si entendemos que el 90% de la vida nacional descansa en el sector privado de la producción y de las actividades económicas.
De Walter Kissling Gam, el que conocí y traté, guardo un gran recuerdo, admiración y respeto.
Vladimir de la Cruz
Historiador





































