Después de pasar varias semanas en Europa, regreso a Costa Rica con una preocupación que considero merece una discusión nacional. Estamos viendo transformaciones demográficas extraordinarias, ciudades saturadas de turistas y gobiernos que comienzan a cuestionarse hasta dónde pueden continuar creciendo los flujos migratorios sin una planificación adecuada.
Y mientras tanto, Costa Rica sigue funcionando como si sus fronteras, carreteras, comunidades y servicios públicos tuvieran una capacidad ilimitada. Las presas de San José hacia Guanacaste nos lo cuentan, también la Ruta 27 y sus peajes nos lo recuerdan a diario. Lo mismo pasa en la entrada a Puerto Viejo, o en las calles de Santa Teresa. Estamos en un colapso vial que lo sienten todos, locales, extranjeros, trabajadores, inversionistas. Debemos tomar medidas para no matar la gallinita de huevos de oro y ordenar los flujos poblacionals que entran al país para que el uso de lo público no se sienta tan colapsado.
Europa está cambiando: la transformación demográfica de Birmingham
Europa está experimentando una transformación demográfica profunda a raíz de su islamización. Lo vemos en Francia, en Alemania, España, así como en el Reino Unido, entre otros paises. El
Según Eurostat, la tasa de fecundidad de la Unión Europea cayó a 1,34 hijos por mujer en 2024, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional de aproximadamente 2,1 hijos. Paralelamente, la población musulmana ha aumentado en distintas ciudades europeas. Según estimaciones de Pew Research Center para 2015-2020, las mujeres musulmanas tenían una tasa de fecundidad de 2,6 hijos, frente a 1,6 entre las no musulmanas.
Birmingham, en el Reino Unido, es un ejemplo de la magnitud de estas transformaciones. La población identificada como White British pasó del 65,6% en 2001 al 42,9% en 2021. La población musulmana aumentó del 21,8% al 29,9% entre 2011 y 2021. Las proyecciones demográficas independientes publicadas en 2026 estiman que la proporción White British podría descender al 32,8% en 2031 y al 14,9% en 2051. Son estimaciones, no resultados de un nuevo censo, pero permiten apreciar la magnitud del cambio que algunos modelos anticipan.
Y junto con estas transformaciones aparecen discusiones sobre integración, identidad cultural y la influencia de determinadas interpretaciones religiosas sobre la vida pública.
En Reino Unido existen consejos religiosos vinculados con la ley sharía (esa curiosa práctica que mezcla el Córan con la ley, y que permite sanciones que van desde linchamientos públicos, o poner a la mujer por debajo del hombre), aunque sus decisiones no sustituyen el derecho británico, sí la implementan por medio de tribunales arbitrales entre otros. La posibilidad de que determinadas prácticas religiosas ejerzan presión sobre los derechos de las mujeres o las libertades individuales merece atención. En todo caso, también esas proyecciones que se dan para el 2051 no dejan de ser interesantes para reflexionar como el cambio de natalidad de los diferentes grupos étnicos pueden venir a fungir como una conquista pacífica, que llevará el cambio normativo si la mayoría de ese momento decide efectuar cambios jurídicos importantes. No es una realidad tan lejan incluso notar que en este mes de octubre del 2026 fue electa al Paralmento británico la primera persona de origen somalí.
En España, por ejemplo, el tema de naturalizaciones por la “ley de nietos” ha dado mucho de que hablar dado su extrema facilidad para nacionalizarse, al punto que el Tribunal Supremo suspendió con 7 argumentos que estos más de 100.000 nuevos españoles puedan votar en las elecciones a raíz.
¿Y cómo estamos en Costa Rica? ¿cómo está el tema de la tasa de natalidad? ¿Llevamos esos controles? ¿Podemos hacer esas proyecciones a largo plazo? Costa Rica debería observar estas transformaciones con atención. Nosotros también enfrentamos cambios demográficos y necesitamos una política migratoria que responda a las necesidades del país.
Costa Rica: seis meses de turismo y una residencia que nadie necesita solicitar
Actualmente, determinadas nacionalidades pueden ingresar a Costa Rica y recibir hasta 180 días de permanencia turística.
Seis meses.
Y todos conocemos extranjeros que llevan años viviendo en el país mediante salidas y nuevos ingresos, aunque cada entrada está jurídicamente sujeta a autorización, siempre se las entregan. Entonces, ¿para qué solicitar residencia? ¿Para qué pagar honorarios profesionales, presentar antecedentes penales, acreditar ingresos, obtener documentos apostillados y esperar meses por una resolución administrativa?
Resulta mucho más sencillo continuar entrando como turista.
A quienes solicitan residencia se les exige cumplir una serie de requisitos y controles. Mientras tanto, existen personas que permanecen durante largos períodos bajo condición turística sin someterse a ese mismo procedimiento.
Recientemente conocí el caso de un extranjero que, según la información recibida, acumulaba dieciocho antecedentes penales y continuaba permaneciendo en Costa Rica como turista.No conozco todos los detalles de su expediente, pero semejante situación debería motivar una revisión de los mecanismos de control y verificación migratoria. No creo que esa persona deberia vivir en Costa Rica, podría bien quedarse en su país de orígen.
Estados Unidos multa con US$1,8 millones. Costa Rica establece US$100 por cada mes que se quedan en el país, y no los cobra
En marzo de 2026, Víctor Manuel Mendoza, un ciudadano salvadoreño residente en Texas, recibió una comunicación del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos notificándole una multa de US$1.820.352 por incumplir una orden de deportación emitida en 2010.
¡Casi dos millones de dólares!
La medida formaba parte de una política federal que posteriormente fue bloqueada judicialmente en octubre de 2026 por problemas de legalidad. Pero el caso demuestra hasta qué extremos pueden llegar las sanciones migratorias en otros países.
Mientras tanto, en Costa Rica, el artículo 33 de la Ley General de Migración y Extranjería contempla una multa de apenas cien dólares por cada mes de permanencia irregular o, alternativamente, una prohibición de ingreso equivalente al triple del período irregular. Pero hablando con agentes migratorios en el aeropuerto me dicen que el sistema si bien les avisa que alguien se ha excedido su tiempo de espera y que sale la multa en el sistema, en la práctica, dicha multa no se cobra.
Yo me acuerdo que en el 2012 antes de salir del país uno debia pagar un impuesto de salida de USD$31, y si no lo pagabas, no te dejaban pasar a la sección de control migratorio para llegar a a las sala de espera. ¿por qué no regresan a lo mismo? ¿De qué sirve establecer multas que no se cobran oportunamente?
En todo caso, cien dólares mensuales puede ser una cantidad insignificante para determinados extranjeros con alto poder adquisitivo que no tienen interés alguno en regularizarse. Ese monto debería subir a un monto que duela, que se sienta, que se obligue a respetar la frontera del país.
Otro punto interesante es que si usted va a Estados Unidos con visa le van a dar hasta un máximo de estadía de 6 meses, pero si usted se queda un día de más, le ponen una sanción de 10 años de no volver entrar al país. Además, que si usted pretende salir y volver a entrar dentro de los 6 meses, muy dificilmente le van a volver a dar 6 meses de estadía, porque a criterio del agente migratorio usted estaria dejando de ser turista y se vuelve un residente en la práctica. Tal cual y como sucede con miles de extranjeros en Costa Rica que no tienen el mínimo interés de regularizarse dado que el sistema es permisivo para que puedan vivir en total irregularidad.
¿Qué le díría al director general de Migración y Extranjería (que con los cambios recientes pasará a estar adscrito al Ministerio de Seguridad)?
Primero que nada que lo felicito por el excelente trabajo que hacen en Migración atendiendo miles de caso que no parecen llegar a tener límite de tantas aplicaciones que reciben, que reconozco que su personal hace tremendo trabajo y que me parece seria oportuno reciban un programa de beneficios o incentivos por casos resueltos que podría generarse de cobrar tarifas de aplicación más altas (en lugar de los USD$250 que se cobran por aplicar a residencias.
En adición a ello, le diria que con el debido respeto impulsaría las siguientes reformas:
Primero, eliminaría la permanencia turística ordinaria de 180 días y restablecería un máximo de 90 días. También pondría un máximo anual de días que una persona no residente pueda venir a Costa Rica. Quien quiera permanecer más tiempo debería solicitar una una categoría migratoria apropiada. Por ejemplo, si tanto le gusta el país puede invertir en él, y aplicar a la residencia de inversionista.
Segundo, propondría aumentar la multa por permanencia irregular de US$100 a US$1.000 mensuales. Una sanción de esa magnitud tendría un efecto disuasorio mucho mayor, aunque debería contemplar criterios de proporcionalidad y excepciones humanitarias.
Tercero, establecería mecanismos efectivos de cobro al momento de abandonar el territorio nacional. Si anteriormente los viajeros debían acreditar el pago del impuesto de salida para completar su viaje, podemos diseñar un sistema igualmente eficiente para recaudar las multas migratorias. Las deudas impagas deberían generar consecuencias exigibles, sin convertir el cobro en una prohibición absoluta de abandonar el país.
Cuarto, vincularía determinados servicios económicos y administrativos con la acreditación de una condición migratoria regular. La apertura de cuentas bancarias ordinarias para residentes (o para aplicantes a residencia), la inscripción de actividades comerciales y determinados trámites empresariales deberían incorporar controles migratorios efectivos.
Quien pretenda establecer una actividad económica permanente en Costa Rica debería acreditar la categoría migratoria que lo habilite para ello.
Las excepciones para inversiones pasivas, protección internacional y otros supuestos legalmente autorizados tendrían que mantenerse. Tampoco se debe impedir que una persona acceda a servicios financieros indispensables para cumplir la ley o regularizarse.
El propósito sería sencillo: que resulte más conveniente cumplir la legislación migratoria que ignorarla. O visto desde otra perspectiva: crear incentivos para regularizare o irse del país. De esta manera más de alguno se va tener que ir por no caer dentro de algún perfil de residente que esta definido por las categorías migratorias vigentes en la actualidad (que urgen, por cierto, actualizarse para unificarlas y homogenizarlas, tal como lo dije en otra nota)
Costa Rica necesita inmigración. Yo mismo soy inmigrante y trabajo diariamente facilitando procesos de residencia. Pero necesitamos una inmigración ordenada, regular y sometida a reglas claras.
El turismo excesivo está volviendo invivibles nuestras comunidades
La otra gran preocupación que me dejó Europa es la saturación turística.
Uno llega a determinadas ciudades y prácticamente no puede caminar. No puede pedir taxi, ni uber por que el tráfico esta totalmente fuera de control, tampoco se puede ir en metro por el colapso del mismo. Las calles están llenas, los restaurantes desbordados y los residentes comienzan a manifestar abiertamente su cansancio.
Barcelona ya ha experimentado protestas contra el turismo masivo, incluyendo episodios en los que manifestantes utilizaron pistolas de agua contra visitantes. Japón también ha comenzado a adoptar medidas para controlar la saturación de determinados destinos.
Venecia implementó una contribución de acceso para visitantes durante fechas específicas, con tarifas de cinco o diez euros. Bután cobra una contribución de desarrollo sostenible de cien dólares por noche a buena parte de sus visitantes internacionales.En Suiza también hay cantones que cobran una tarifa para poder pasar la noche que ascienden a 7 francos.
Costa Rica debería comenzar a estudiar mecanismos similares. Porque aquí estamos llegando a niveles verdaderamente insoportables.
Ir a Guanacaste puede representar hasta más seis horas de carretera desde San José. Una locura. Visitar Puerto Viejo durante determinadas temporadas puede convertirse en una pesadilla. Hay fines de semana en los que las filas para entrar al pueblo comienzan muchísimo antes de llegar al centro y queda uno viendo el puentesito para ingresar por horas.
Los pueblos están colapsados. Y seguimos promocionando el turismo internacional como si nuestras carreteras, estacionamientos, servicios públicos y sistemas de manejo de residuos tuvieran una capacidad infinita.
¿Por qué no establecer contribuciones turísticas especiales para determinados destinos o temporadas?
¿Por qué no discutir sistemas de reservas, controles de acceso o tarifas que permitan financiar directamente la infraestructura de las comunidades más saturadas?
La ley de oferta y demanda llevará un equilibrio a esas situaciones. Naturalmente, habría que evitar duplicidades con los cobros existentes y garantizar que los recursos se inviertan efectivamente en las zonas afectadas. Pero no podemos continuar creciendo sin planificación.
Costa Rica tiene límites
Costa Rica es un país pequeño, con recursos naturales extraordinarios y una infraestructura que no ha crecido al mismo ritmo que las necesidades de su población y de quienes nos visitan. Tenemos que decidir qué modelo de desarrollo queremos.
Un sistema migratorio que permite permanencias prolongadas sin suficientes incentivos para regularizarse, acompañado de un turismo que crece sin infraestructura adecuada, termina trasladando los costos a quienes viven permanentemente en el país. Y eso no puede continuar. La hospitalidad costarricense es una de nuestras mayores virtudes, pero no puede confundirse con la ausencia de reglas.
Quien quiera vivir en Costa Rica debe regularizarse. Quien quiera desarrollar actividades económicas debe cumplir nuestras leyes. Y quien venga a disfrutar de nuestros destinos debe contribuir a su conservación.
Tenemos derecho a proteger nuestras comunidades, nuestra infraestructura y nuestra calidad de vida.
Costa Rica no puede seguir siendo un país donde resulta más fácil incumplir las reglas que cumplirlas.
Y si nuestras autoridades no comienzan a corregir estos problemas, llegará un momento en que ni los residentes ni los visitantes podrán disfrutar del país que tanto nos esforzamos por promocionar.
PD. El tipo de cambio debe llegar a un fijo de 600 colones.





































