Costa Rica, ha sido un país que durante décadas se erigió como un faro de paz y coexistencia, hoy enfrenta un alarmante aumento en la agresividad, la criminalidad y el narcotráfico. Este desafortunado cambio en nuestra realidad nos obliga a reflexionar sobre el legado que estamos dejando a las generaciones venideras. La tranquilidad que alguna vez definió a nuestra nación está amenazada, y es imperativo que nos preguntemos: ¿qué les estamos enseñando a nuestros niños y adolescentes? Insisto.