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Podríamos estar ante el nacimiento de nuevos líderes y de agrupaciones múltiples de la sociedad civil deseosos de trabajar para la construcción de una mejor nación


¿Votarán los jóvenes en 2014?


“El futuro de Costa Rica reposa en los hombros de los más jóvenes”, dice una nota de este medio ayer, ofreciendo datos interesantes sobre esta circunstancia.
Tres de cada diez votantes tendrán 30 años o menos a la hora de emitir su voto el próximo 2 de febrero de 2014. Son jóvenes sin muchos años de experiencia pero con unas facilidades para estar informados y comunicarse que no tenían, a su edad, las generaciones que hoy son mayores.
Son jóvenes que en muchos casos se encuentran decepcionados porque sus estudios les han proporcionado conocimientos en la materia que escogieron pero no les significan la posibilidad real de tener un buen empleo. Esto, por el contrario, es cada vez más difícil.
Son hombres y mujeres que debieron acostumbrarse, de algún modo, a vivir en una sociedad en la que muchos hogares se desintegran o están desintegrados desde hace años y los actos de corrupción golpean día a día a la gente honesta.
Son jóvenes que asisten a la actual crisis del mundo cuya inestabilidad no ayudaron a generar, pero que deberán esforzarse mucho para intentar obtener algún poder sobre el destino de su país, a cargo de personas mayores, con más experiencia y a veces con más conocimientos, pero no siempre con mayor sabiduría.
Las generaciones mayores que ellos, que tienen personas con la trayectoria política y la experiencia que supuestamente las acreditan para aspirar a la conducción de la nación, no cuentan hoy con credibilidad porque ellas mismas la han destruido.
El panorama no parece bueno. Sin embargo, podríamos estar ante el nacimiento de nuevos líderes y de agrupaciones múltiples de la sociedad civil deseosos de trabajar para la construcción de una mejor nación.
Veremos, eso sí, quién entre los aspirantes al gobierno en las elecciones de febrero 2014, será capaz de proponer políticas de Estado, planes y proyectos viables, de la mano con un presupuesto nacional y una adecuada capacidad de gestión.
Algo que les garantice, en alguna medida, la atención y solución a las principales necesidades de los jóvenes votantes, como empleo digno, derecho a la salud y a la vivienda y en general un país con menos pobreza e inequidad. Solo esto aparentemente podría revivir la luz de esperanza en ellos.
 

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