Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 24 Abril, 2010


Elogios
Vino para gourmets

En mi lejana infancia, vivía en las llamadas casitas baratas del Barrio Varela en el hoy día Bajo de Flores y le cuento que carecíamos de bebidas gaseosas, agua embotellada y Splenda y tomábamos agua de la canilla light, como denominábamos al grifo; existía una cola en botella con forma de mujer, la Bidú y también se podía beber la naranja Crush y si el fútbol de pelota de trapo nos daba sed, recurríamos al agua de la zanja que corría por la calle, pese o gracias a lo cual mi estómago continúa invicto.
En los cumpleaños se festejaba con jarras de Granadina Cusenier que era insoportablemente empalagosa, pero nadie se quejaba porque no había dinero para las escasas gaseosas embotelladas. El whisky y el champán eran bebidas que solo se veían en las películas de Greta Garbo.
Eso sí, en el almuerzo y la cena, todo lo resolvía el vino, cuya damajuana de 5 litros costaba 45 centavos y si papá se servía un vaso, lo rebajaba con soda que era el famoso sifón de pico con gas que había que manipular con destreza, pero a los chicos nos daban una medida de vino y seis de soda y solo los domingos (porque se trabajaba el sábado todo el día) antes del fútbol y para acompañar el almuerzo se preparaba clericot que era la sangría con las frutas ya fermentadas, que se comían de postre.
A la fecha, Argentina, con 34,5 litros por habitante es el cuarto país del mundo en consumo de vino per cápita, seguido por Uruguay y Australia, mientras Luxemburgo encabeza el consumo mundial con 61,2 litros seguido por Francia e Italia. ¿Y Costa Rica? En la nota de días pasados de Daniel Zueras en este periódico nos anuncian un crecimiento hacia 3 a 5 litros por habitante que debe venir más de los supermercados y licoreras que de los restaurantes: estuve ayer en un nuevo comedero italiano que inauguraron por mi barrio y una botella se cotizaba a más de ¢100.000, mientras los menos finos estaban entre ¢15.000 y ¢25.000 (¢5.000 la copa) y no había promoción de tarjeta de crédito, pero le cuento que son pocos los que lo ofrecen al doble del precio mayorista, como para ganar dinero: prefieren atracar al público al multiplicar el precio por cinco y así no venden nada ¡qué ignorancia! Porque hasta un pulpero sabe que la ganancia no está en el margen unitario sino en la rotación y si el cigarrillo les deja solo un 10% es un 10% los lunes, miércoles y viernes y sin inversión, es decir un 120% mensual que es como se mide la ganancia: cada 30 días.
Esa es la razón por la que en Tiquicia los saloneros le ofrecen de entrada una bebida y de hecho vinos no por tipos (Merlot, Cabernet, Malbec, Borgoña, Rhin) sino por nacionalidad porque muy pocos reciben entrenamiento para vender carísimo y están más interesados en crucificar clientes que en satisfacerlos. Imagine usted un vino de ¢15.000 con 13% de impuesto de ventas y 10% de propina que llaman impuesto para repetirla en la factura final y como a uno le encanta que le roben agrega un 5%, ese vino le termina costando ¢19.577, (casi $40 al precio del día), lo crea o no.
Así que yo les recordaría a los amigos Carnevale que entrenen gente entre sus clientes y les den promoción para las mesas y merchandising para el local para empujar esa excelencia que es Trapiche. Todos vamos a ganar más si el precio del vino permite duplicar la venta y mi corazón, tras varias operaciones les estaría agradecido. Palabra de René Favaloro quien me lo recomendó como medicina.

Leopoldo Barrionuevo
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