Posterior a la Primera Guerra Mundial muchos países habían acumulado problemas económicos, sociales y políticos y en el tiempo sus decisiones los llevaron a preferir sistemas que no eran democráticos para tratar de resolverlos. Polonia, Hungría, Portugal, Austria, Italia, Alemania, Japón, China y España entre otros prefirieron el autoritarismo, el gobierno unipersonal y la imposición que presuntamente resolverían lo que las lentas democracias deliberantes del “decadente liberalismo” no habían podido.
Ocurrieron tragedias sociales, económicas y políticas. Muchas personas honestas y valiosas eventualmente fueron encarceladas y asesinadas solamente por sus opiniones discrepantes con las del hombre fuerte, el líder del régimen, del “Duce”, del “Fuhrer” o del “Regente “que gobernaba.
Nombres aparte autoritarismo y democracia son excluyentes. Las decisiones de Europa en los 30s y los 40s se repitieron en la América de habla hispana o portuguesa. Las dictaduras anticomunistas y la abiertamente comunista de Cuba que se han repetido en nuestros países reprodujeron las catástrofes europeas, excepción hecha del “Holocausto” que como fenómeno único de sadismo y crueldad humana no creo que se repita nunca en la humanidad.
Costa Rica se libró de tales problemas mayormente en el siglo XX y afortunadamente en lo que va del XXI también. Durante el siglo XIX y el siglo XX construyó el país una sólida institucionalidad. Se dictaron constituciones valederas y los regímenes de legalidad que ha vivido el país han sido la envidia de quienes vivieron las apocalípticas violencias y las tragedias sociales de otros confines del continente. Nada fue perfecto, pero si fue admirable. Muchas leyes no se renovaron a tiempo, pero siguen cumpliendo con su cometido, aunque sin el brillo y la precisión de otras épocas.
Después de 1949 creció el tamaño del estado en demasía. Las ilusiones por un futuro mejor para todos nos llevaron a dimensionar al estado excesivamente. No ha habido forma posible de darle el tamaño que los tiempos modernos y nuestra economía, así como nuestra capacidad fiscal lo exigen. El controlismo hizo al país dictar leyes sobre leyes y la maraña es pavorosa. Los partidos exitosos de los pasados años en quienes se tenía la confianza de tomar las decisiones correctas se han visto dudosos e incapaces de hacerlo. Los electores los han estado votando fuera del Poder Ejecutivo y su presencia en la Asamblea Legislativa es cada vez más modesta. Frente a los grandes retos de nuestros días no han logrado elaborar ni exponer de manera convincente un proyecto país que logre enfrentar los más importantes problemas de Costa Rica.
Los electores han ido acumulando una gran presión en sus corazones por las omisiones, los errores y la inacción para atenderles sus carencias. Cada vez más esas iras, disgustos, deseos de que otros lleguen al poder en lugar de los tradicionales, se manifiestan de manera más clara. Se reemplazó a los partidos políticos tradicionales y en dos ocasiones un partido de centro izquierda gano la presidencia. Sus resultados escasos hicieron que a la tercera no pudiera elegir ni un solo diputado.
Los ciudadanos están cansados de un estado grande y costoso. Los votantes deploran las pensiones y privilegios laborales acumulados en élites que se sostienen gracias a los principios de no retroactividad de las leyes. Al pueblo le importa poco la legalidad en asuntos donde prevalece el privilegio y el abuso. Va a estallar la bomba y todo saltará en pedazos por los aires. Están separados la dirigencia política de la voluntad y el sentir de los electores.
Grave sería si el país que ha estado coqueteando con el autoritarismo decide tomar firmemente esa ruta. Gravísimo sería que el país por esas circunstancias descritas decida suprimir libertad y democracia y sustituirlas por quienes pueden resolver, aunque sea a golpes de ilegalidad los vicios y abusos que son percibidos solo por la población y que los diputados y jefes de partidos políticos hacen que no oyen ni ven.
Grandes personas encabezan las papeletas presidenciales hasta hoy. Todavía el país no conoce los candidatos a diputados. Que en claro entendimiento del hartazgo y las iras acumuladas por los costarricenses los partidos políticos desarrollen los proyectos país requeridos para suprimir las urgencias mayores. Problemas de salud, educación, empleo, infraestructura, maraña legal, corrupción, narcotráfico, seguridad y otros igualmente graves deben de enfrentarse y comenzarse a resolver de inmediato.
Hoy muchos costarricenses con disgusto escuchamos proferir gritos y descalificaciones, mañana podrían los mismos verse sustituidos trágicamente por el fragor de la violencia social en las calles. Todos debemos proceder con un gran sentido de urgencia y civilizadamente atender problemas y buscar soluciones a nuestras dificultades.





































