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Viernes 20 Diciembre, 2013

Los costarricenses no somos tan educados como creemos, aun cuando casi el 100% de la población sepa leer


Una reforma educativa urgente

No con sorpresa una de las principales conclusiones del XIX Informe del Estado de la Nación, presentado el pasado mes por el Consejo Nacional de Rectores (Conare) indica que parte de los componentes fundamentales de las propuestas de los candidatos presidenciales para frenar el crecimiento de la desigualdad es una mejora en los planes de educación en Costa Rica.
Sin embargo, con gran desconcierto y desilusión se observa que las propuestas de los principales candidatos a la silla en Zapote hablan sobre el tema de manera superficial y propia de una campaña electoral sin sustancia. En conclusión, la educación en Costa Rica requiere una reforma urgente y los candidatos a la presidencia y parlamento lo saben pero no proponen ningún cambio real ni efectivo. Se insiste en maquillar el mismo sistema que lleva años probando que va en detrimento.


El Informe del Estado de la Nación indica que los costarricenses no somos tan educados como creemos, aun cuando casi el 100% de la población sepa leer. Más aún, Costa Rica continúa estancada en competitividad según el Reporte de Competitividad 2013-2014 del Foro Económico Mundial. Un 54% de los estudiantes que inician secundaria no la terminan, siendo la principal razón para las deserciones (27,6%) que los estudiantes no están interesados en el aprendizaje formal.
El sistema educativo de Costa Rica está basado en promover la educación superior universitaria como única opción para asegurarse un futuro próspero y está más que claro que un país con 100% de personas graduadas de la universidad no solo es imposible sino que además es también disfuncional. Paradójicamente, el país abandona a los jóvenes que no logran terminar el colegio (o deciden no hacerlo) y a los que no logran un título universitario (aun cuando necesita de estos). Bajo esta observación está claro que el país  debe promover la educación técnica especializada, sin tratar de mantener jóvenes desmotivados en las aulas para poder terminar un ciclo de educación secundaria que luego servirá de poco si no se desea entrar a una carrera universitaria.
Una profesión técnica especializada (soldador, maestro de obras, operador de centro de llamadas, asistente de contaduría) entre tantas otras, requiere una formación que se enfoque en los requerimientos específicos, sin necesariamente poseer conocimientos generales que se adquieren en los últimos años de secundaria. El Estado debe promover e incentivar estos oficios y la sociedad no debe tildar a un joven que no quiere obtener su bachillerato de “desertor”.
Esta propuesta no es ni nueva, los países desarrollados la implementan desde hace años, Alemania por ejemplo ha logrado esquivar la crisis económica europea en parte gracias a su sistema educativo que incentiva a los jóvenes que no quieren realizar estudios universitarios a formarse en escuelas de especialización.
En las pocas líneas que permite esta sección de opinión es difícil realizar una propuesta completa sobre una reforma educativa pero se presenta como idea inicial sobre un tema que debe ser desarrollado con sumo cuidado.


Ricardo Roldán