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Martes 13 Octubre, 2009

Una oportunidad para no desperdiciar

Por primera vez desde 2002 América Latina y el Caribe verá contraer su economía este año. Es por eso que 2009 podría todavía ser mejor recordado como el año en que los líderes de la región decidieron que no debían darse el lujo de desperdiciar una crisis.
En pocas semanas América Latina entrará en una agitada temporada política con siete contiendas presidenciales en 13 meses. Es fácil predecir que la peor recesión económica en 80 años jugará un papel en la decisión de los votantes. Más difícil es saber qué tipo de líderes surgirán.
Pero ya sea que se les considere de vieja izquierda, nueva izquierda, liberales, neoliberales o conservadores, estos nuevos líderes, al igual que sus predecesores, probablemente adoptarán soluciones pragmáticas que combinen sólidas políticas económicas y fiscales con preocupaciones humanas y sociales. Ese pragmatismo ha ayudado a reducir la tremenda inequidad entre ricos y pobres en la región –—y demostrará ser particularmente importante para recuperarse de la recesión global.
Cientos de ejecutivos y líderes gubernamentales internacionales convergieron en Miami durante la décima tercera Conferencia de las Américas del 29 al 30 de setiembre, para discutir retos políticos y económicos durante la post crisis. Al centro de sus deliberaciones debió estar una idea simple: las consideraciones sociales debieron ir de la mano con las económicas. O como el presidente del Banco Mundial Robert Zoellick ha insistido desde el comienzo de la crisis: el desastre financiero global no tiene que convertirse en un desastre humano y social.
De 2003 a 2008, 60 millones de personas salieron de la pobreza en América Latina y el Caribe. Pocos periodos —quizás ninguno— han visto tanto progreso en tan poco tiempo. Hoy en día, sin embargo, los pronósticos del Banco Mundial indican que la crisis hará caer a 8 millones de latinoamericanos en la pobreza, es decir, los obligará a vivir con menos de $4 al día.
En comparación con otras regiones, el camino a la recuperación tal vez sea más corto para América Latina. Gracias a una mejor supervisión y regulación financiera, la región ha sobrevivido a la crisis sin devaluaciones masivas de moneda, colapsos bancarios, suspensión de pagos de deudas, alzas inflacionarias o fugas de capital. Lo mismo no puede decirse de otras regiones donde la recesión desató una crisis bancaria, devaluación de monedas locales e inflación elevada.
Por muy reconfortante que eso sea, el promedio de crecimiento para América Latina y el Caribe ha caído de más del 4% en 2008 a entre -2% y -2,5% en 2009. Esperamos que el crecimiento se recupere en 2010 a cerca del 3%.
Estos promedios esconden diferencias importantes en crecimiento entre los países. La caída en México, en particular, es un factor fundamental detrás del pronóstico de este año. Aun así, parecen existir retos emergentes para todos. Estos incluyen la pérdida de capital humano permanente, desempleo en la clase media, falta de fondos para paquetes de estímulo económico y escasez de financiación externa.
A pesar de ellos, la crisis ofrece una oportunidad para que la región dé rienda suelta a su enorme potencial.
Consideremos el comercio. Muchos países de la región, grandes y pequeños, están viendo apreciar sus monedas en forma preocupante. Esto le da un peso adicional a la competitividad, así sea solo para mantener una tajada del reducido pastel de comercio global. Muchas de las reformas atrasadas por años que dan valor a la integración, desde la infraestructura y la logística hasta educación universitaria y derechos de propiedad, ahora se harán más urgentes.
Esta crisis también debiera motivar nuevas posturas ante los subsidios universales. América Latina gasta entre un 5% y un 10% del producto interno bruto en dichos subsidios anualmente, con un tercio captado por el 20% más acaudalado de la población. Si bien la región tiene sistemas bastante avanzados de asistencia social —13 países hacen pagos monetarios condicionados a los más pobres— dichos fondos podrían triplicarse si los países dejan de subsidiar a todos.
Alrededor del mundo el papel del estado se ha acrecentado como respuesta a la crisis, en formas inimaginables hace unos años. Los economistas más optimistas del Banco Mundial creen que esta histórica recesión también provee una oportunidad a los ciudadanos para que exijan más de sus gobiernos. Con menos recursos disponibles pero expectativas más elevadas en el estado —desde regulación financiera hasta facilidades para la generación de empleos— este parece ser el momento propicio para que los contribuyentes, en particular aquellos que ganan más, acepten una carga tributaria progresiva.
Pero para que los contribuyentes estén dispuestos a pagar más, los gobiernos necesitarán mejorar su transparencia y rendición de cuentas. No alcanzará con dar mayor acceso público a la información gubernamental, sino que también será necesario que los gobiernos establezcan metas y puntos de referencia para que el gasto público pueda ser evaluado por resultados. Los ciudadanos tienen el derecho a saber cómo se está usando su dinero.
Este año tal vez sea recordado como el año en que abruptamente se descarriló el crecimiento latinoamericano; o quizás también como el año en que la recesión inspiró un desarrollo más inteligente y generalizado. Eso dependerá sobre todo de la forma en que quienes toman las decisiones políticas respondan, de que vean la oportunidad que representa la crisis y que actúen diligentemente para enfrentar asuntos que estaban retrasando el progreso de los latinoamericanos mucho antes de que el término “sub-prime” se convirtiera en un término familiar.

Pamela Cox
Vicepresidenta para América Latina y el Caribe
Banco Mundial