Imágenes que confunden, música, gritos, acusaciones sin pruebas, mentiras y mentiras, exageraciones, exaltación, polarización e insultos y descalificaciones usando memes, videos, Tik toks, y personajes entrenados para hacer este trabajo sucio es lo que hemos apreciado en la sostenida campaña política que el país ha desarrollado desde el final de la anterior. No es asunto más que de desacreditar al adversario. No es asunto más que de generar las imágenes necesarias para que el electorado rechace en disgusto e indignación a una de las partes en competencia por los puestos elegibles, aunque todo sea falso. Un triunfo electoral no vale la destrucción del sistema democrático que tenemos.
Esta debe ser la campaña formadora de la democracia que el país tanto necesita. Costa Rica requiere consolidar en madurez sus justas electorales para elegir a sus autoridades legislativas y al presidente y vicepresidentes de la república. No podemos elegir a nuestras autoridades sin conocerlas. No podemos elegir a nuestras autoridades a partir de las expresiones de violencia y de las mentiras que un día sí y otro también se profieren sin más. Para mejor escoger a quienes habrán de resolver nuestros grandes problemas debemos conocer estos problemas en detenimiento.
La campaña electoral debería ser la mayor lección en democracia que un pueblo reciba. Debería ser el momento de analizar los serios problemas del país y a las personas que están concursando para poner sus destrezas personales, soluciones y sus ideas en marcha para resolverlos. Es fundamental conocer cuáles son los problemas mayores que el país enfrenta. Resulta urgente conocer las soluciones que cada grupo político busca desarrollar desde el poder para solventar nuestras dificultades. A muy pocos votantes les gusta conocer los problemas y muchas veces tampoco las duras soluciones que el país requiere para salir adelante.
En la última elección los problemas no se expusieron ni tampoco las soluciones a ellos. No tuvieron lugar la comparación de las mismas, y las razones por las que una solución era mejor que las demás.
En la pasada elección no se expuso cómo y por qué un posible equipo de gobierno era mejor que otro por su experiencia y conocimiento. Es más, en esa elección se desconocía quienes podían llegar a ser ministros y los presidentes ejecutivos fueron escogidos luego del triunfo de uno de los contendientes sin que formaran parte de un equipo con convencimiento ni mística partidaria. No en balde la rotación y fuga de los presuntos talentos escogidos ha sido tan importante. No en balde muchos de ellos llegaron a seguir directrices y las mismas trabajosamente fueron acatadas por que las personas designadas no conocían cómo desenvolverse en el entorno legal del derecho público.
Que esta campaña sea seria en sus planteamientos y análisis. Que esta campaña eduque en democracia y nunca confunda ni pierda a los ciudadanos en tesis que son falsas o que no son practicables en nuestro sistema. Que esta campaña señale qué debe cambiarse y por qué debe de variarse para hacer el gobierno y el país más ágiles y más productivos en su actuar. Que esta campaña nos permita conocer los líderes que enfrentarán los problemas con sus soluciones. Debemos abocarnos a fortalecer nunca a destruir nuestro sistema democrático. Ninguna de las partes involucradas debe buscar la degradación ni la destrucción o debilitamiento de nuestra democracia.
Es fundamental que los costarricenses aprendan a respetar la trascendencia de la división de poderes y la prevalencia del estado de derecho en el actuar de las personas electas, así como la rendición de cuentas clara y transparente.
Costa Rica debe saber por qué el país nunca debe ir hacia un autoritarismo fascistoide y sí debe de consolidar la democracia en cada una de sus etapas de escogencia y de vida institucional.
Más democracia resuelve los problemas de la democracia. Más funcionalidad resuelve los problemas de lentitud administrativa. Más recursos resuelven los problemas de la justicia pronta y cumplida para tener una administración moderna, con más juzgados y más salas. Más claridad en la razón democrática de la elección de los diputados esclarecerá ante todo por qué son éstos electos popularmente. Por qué la Asamblea Legislativa no es ni debe de ser una asamblea aristocrática de legisladores escogidos a dedo por grupos elitistas o por una persona en particular sino por el pueblo mismo con transparencia y con claridad de objetivos.
Que esta campaña próxima eduque, forme, fundamente y consolide nuestra democracia y no sea un adefesio de elección y una charada cruel de escogencia de quienes por cuatro años habrán de gobernarnos.





































