Nuria Marín

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Lunes 8 Agosto, 2011


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Un respiro ¿por cuánto tiempo?

Estados Unidos mantuvo en vilo y en un terrorífico estado de ansiedad a los mercados financieros. No era para menos, la economía más importante del mundo y uno de los mayores deudores mundiales, estuvo a punto de cesar en el pago de sus deudas y perder su estatus triple AAA.
La razón, el haber llegado el gobierno estadounidense al tope de endeudamiento permitido por ley. Finalmente y luego de un largo estira y encoge, de un fuerte pulso bipartidista que trascendió a lo mediático convirtiéndolo en un nada agradable espectáculo político, el Congreso finalmente aprobó la ley, la cual fue firmada por el presidente Obama al mismo filo de la fecha límite.
El proceso deja grandes sinsabores y preocupaciones. Quedaron dudas sobre la capacidad del ejercicio responsable del poder, la capacidad de encontrar soluciones y el comprender que la gobernabilidad exige llegar a acuerdos. Como bien lo indicó el presidente Obama, “un gobierno dividido no significa un gobierno disfuncional”.
Quedaron dudas también sobre el principio de liderazgo y confiabilidad de la economía estadounidense como protagonista y líder de la arquitectura financiera global. La caída del Dow Jones en 500 puntos el pasado jueves es un síntoma de ello.
Para muchos países, entre ellos algunos de la Unión Europea como Italia, Irlanda, Portugal, España y ni qué decir Grecia, en donde la recuperación ha sido dolorosamente lenta y el tema del endeudamiento raya en lo inmanejable, la cesación de pagos de los Estados Unidos se cernía como una letal amenaza. Algunos se preguntan si caeremos en una nueva recesión.
Malas noticias también para economías emergentes como China que, si bien con crecimientos económicos sostenidos, son dependientes del dólar entre otras razones por su condición de mayor tenedora de Bonos del Tesoro de los Estados Unidos.
Con la nueva ley se ha ganado tiempo, pero quedan inminentes desafíos. La calificadora Moody´s no varió la calificación país, pero alertó sobre la necesidad de más cambios. Visto el manoseo político y la cercanía de 2012, la pregunta es, ¿será posible?
Al otro lado del Pacífico, la calificadora de crédito Dagong, no se anduvo por las ramas y desmejoró la nota estadounidense. Entre sus diferentes razones, la incapacidad del país para diseñar un modelo que lidie con bajos niveles de crecimiento, alto déficit y deuda creciente.
El aumento en el tope de la deuda conlleva acuerdos de disminución en el gasto a diez años por el orden de varios trillones de dólares. La mecánica de implementación queda, en una cuestionable delegación de poder, en manos de un súper y omnipotente comité de 12 miembros (bipartidista) que tendrán la misión incumplida por el Congreso de recomendar para noviembre cómo lograrlo.
Para Costa Rica puede significar menos exportaciones, una posible baja en el flujo de turistas y remesas, y una mayor dificultad para atraer inversión extranjera. Debemos entonces prepararnos para escenarios negativos esperando, eso sí, con optimismo, que al final no sucedan.

Nuria Marín Raventós