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Jueves, 15 de noviembre de 2018



EDITORIAL


Un Niño previsible

| Lunes 13 agosto, 2012




Por falta de prevención, sufrirán una vez más las empresas, el agro y los hogares ante nueva llegada del fenómeno de El Niño

Un Niño previsible

Desde hace aproximadamente unos 60 años, Costa Rica se ve afectada periódicamente por El Niño, un fenómeno natural que modifica las condiciones habituales del clima.
Este desorden atmosférico que se caracteriza por la reducción de las lluvias en todo el territorio nacional a excepción del Caribe, en donde se produce lo contrario, como es esperable trae consecuencias que afectan todo lo que depende de dichas precipitaciones.
Tomando en cuenta esto, lo lógico es que los gobiernos hubieran ido implementando una serie de políticas destinadas a minimizar el impacto de El Niño.
Dichas políticas debieron servir para educar a la población hacia un menor consumo de agua, de combustibles y de energía en general. Una nota de este medio hoy detalla qué cambios debimos hacer, a cuáles hábitos y prácticas deberíamos estar acostumbrados para enfrentar, sin mayores problemas, la disminución de lluvias que ya nos afecta nuevamente y que se prolongará hasta marzo de 2013.
Pero otras medidas correspondían a acciones de gobierno que debieron unirse a las de por sí necesarias para prever el cambio de base energética para dejar de depender del petróleo, un recurso que cada vez será más escaso y por ende más caro.
Sin embargo, no se hizo lo necesario y suficiente. Desde 1950, en que el fenómeno de El Niño comenzó a golpear al país periódicamente, los sucesivos gobiernos no han tomado las medidas idóneas y oportunas para preparar tanto a los sectores productivos como a la población en general y, desde luego, a las entidades públicas a cargo, para enfrentar con éxito la situación.
Es preocupante que así suceda porque gobernar es justamente eso. Es prever las mejores formas de llevar adelante sistemas productivos que funcionen bien de acuerdo a nuestras condiciones como país.
Gobernar es dirigir, educar y encaminar a la población no hacia caprichosas ocurrencias que atiendan otros intereses sino hacia un rumbo trazado buscando el bien común y una mejor calidad de vida para todos.
Si eso se hubiera hecho, si para eso se hubiera gobernado, no tendríamos hoy la amenaza de que se afecte el bolsillo de los costarricenses por la llegada, una vez más, del fenómeno de El Niño. Tendríamos una práctica en donde estarían presentes los elementos y la cultura que muy bien menciona nuestra nota de hoy sobre el tema.