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Un modelo de desarrollo vial urbano


El caos en que se ha convertido la ciudad de San José y las consecuencias que esto trae a todo nivel es algo de tal magnitud, que ya no admite más que una seria decisión sobre cuál tipo de transporte público queremos en el país.
Hay, en este sentido, dos formas de ver las cosas según diferentes visiones. Una de ellas es el modelo de desarrollo urbano que fomenta el individualismo esforzándose por brindar a las personas facilidades para que se trasladen en su vehículo particular, con sus consecuencias de congestionamiento vial, pérdida de tiempo y combustibles, exagerado estrés, entre otros problemas. Es el modelo que genera ciudades como Miami.
Por otro lado, existe una visión diferente, el modelo europeo. Ese es un desarrollo de transporte colectivo con el cual gana más toda la sociedad. Con él, la gente se traslada rápido y cómodamente y se gasta menos combustible, un punto que hoy, con el precio del crudo disparado y el conflicto mundial planteado sobre dedicar más granos a alimentar vehículos o gente, se torna crucial.
Frente a estas dos posiciones, la posibilidad de contar en el país con un ferrocarril eléctrico urbano se inscribe en la segunda y es una buena opción. El tren significaría una mayor conexión y, como lo señala un artículo de LA REPUBLICA del lunes, permitiría reducir las presas, frenaría la emisión de gases contaminantes y daría una mejor calidad de vida a los ciudadanos, por cuanto circula por vías exclusivas y tiene capacidad para transportar un alto número de pasajeros a la vez.
La realidad es clara: por ejemplo, según el último estudio realizado por la firma gala Systra, como donación del Gobierno francés, poner en marcha el tren a Heredia le costaría al país $150 millones, lo que representa menos del 10% del gasto que producen las presas anualmente.
No obstante, y a pesar de que en los últimos 30 años se han contratado cinco análisis para construir un sistema ferroviario en el país, el plan sigue siendo solo una promesa.
Sin embargo la situación actual, como decíamos al inicio, no admite ya promesas sino que exige una decisión que debería ser la de un sistema ferroviario.
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