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Tributos para el desarrollo

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Un sistema tributario debe dirigirse hacia el desarrollo y no meramente a recaudar por recaudar a como dé lugar.
Todas las reformas tributarias parciales que ha tenido el sistema tributario los últimos cuatro años, lo único que han buscado es aumentar la recaudación, dotar a la Administración Tributaria de poderes cada vez más exorbitantes y una explosión de nuevas obligaciones formales y sanciones, que cada vez encarecen y dificultan más el cumplimiento voluntario de los contribuyentes.
No en balde, Costa Rica ocupa uno de los peores puestos a nivel mundial en términos de facilidades de cumplimiento tributario. Según las últimas encuestas de PWC, Costa Rica ocupa para el año 2014 el lugar 136 en términos de facilidad en el pago de impuestos y tiempo que se requiere para cumplir con dichas obligaciones. En 2013 ocupamos la posición 125, en 2012, la posición 138; en 2011, la posición 155, y en 2010, la posición 154.
No obstante ninguna de las últimas reformas ha siquiera intentado mejorar el sistema tributario per se en términos de justicia distributiva, salvo contadas y puntuales excepciones.
Ningún legislador parece tener interés en reparar la pésima progresividad del impuesto sobre la renta, las ridículas deducciones personales que permite, las injustificadas diferencias de trato entre asalariados y profesionales liberales, cuando ambos tienen exactamente el mismo tipo de ingresos, es decir, rentas del trabajo.
Lo anterior solo por citar unos pocos ejemplos. Ahora que corren vientos de reforma y que el Gobierno ha anunciado la pronta presentación de proyectos para modificar el impuesto sobre las ventas y el impuesto sobre la renta, todos esperamos mucho más que una simple subida de impuestos, porque independientemente de su conveniencia a efectos de mejorar las finanzas del país, lo cierto del caso es que nuestro sistema requiere desde hace al menos un par de décadas una profunda revisión estructural, que modernice el sistema y lo ponga a tono con el siglo XXI.
Claro está que es muy sencillo decir que ampliemos bases o que subamos las tarifas de los impuestos, pero parece al mismo tiempo recomendable, por ejemplo, cuestionarse por qué en un país en el que aparentemente todo el mundo se queja de que se pagan muchos impuestos, nos damos el lujo al mismo tiempo solo un 5% de los asalariados del país contribuyen al impuesto sobre la renta, dado que Costa Rica tiene uno de los tramos exentos de renta más altos del mundo, tanto si se le compara con los países más desarrollados al igual que con economías emergentes en Latinoamérica.
Sin embargo el problema es que aunque tuviéramos un robusto y moderno sistema recaudatorio, en el que se mejorara su justicia distributiva gravando consistentemente las mismas manifestaciones de capacidad económica, el sistema tributario es solo la mitad del cuento, porque la otra es el gasto y no importa que también funcione una, si la otra falla nos quedamos varados.
La redistribución de la riqueza, propósito fundamental de cualquier sistema tributario no puede quedarse en la mera recaudación, porque mientras persista la percepción de que los impuestos que se pagan van a parar para pagar gollerías sindicales del sector público, desperdicios instituciones y actos ilegales, nadie se sentirá tentado a cumplir cabalmente con sus obligaciones tributarias.
La génesis de la defraudación fiscal está íntimamente relacionada con la sensación de que los impuestos que se pagan sirven para algo. Ese problema no se resuelve ni en el corto o largo plazo aumentando tarifas, obligaciones y sanciones, se resuelve demostrando la correcta utilización de los impuestos recaudados. Ustedes son los jueces de si hemos ido a mejor o a peor.

Rafael Luna
Abogado tributario
[email protected]

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