Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 24 Abril, 2008

Tortuguero
De cal y de arena

Alvaro Madrigal

Volví a los canales de Tortuguero. Lo hice después de varios años. Ahí está esa generosa donación de la naturaleza para gozo y disfrute. Todavía desbordante de belleza, con abundancia de flora y fauna, de senderos de aguas tranquilas abrigadas por altivos árboles y una vegetación plena de tonalidades verdosas que posibilita la vida animal que se deja ver en orillas y en enramadas. Sorprende la vitalidad con que crece el turismo, un turismo muy distinto del que invade y sofoca Tamarindo, Jacó o Quepos. Que se desplaza por los canales en infinidad de pequeñas embarcaciones a descubrir este regalo de la naturaleza. Que llega a disfrutar ese hermoso reservorio así como está, apenas con los agregados necesarios para brindar un alojamiento decente, sin lujos ni extravagancias, sin casinos ni prostíbulos disfrazados. Halaga la comprensión de los empresarios que han invertido para aprovechamiento de este entorno, no para desfigurarlo ni para destruirlo, y que con paciencia franciscana esperan que JAPDEVA se ocupe de la rehabilitación del tránsito fluido por los canales, hoy obstruido en más de un sitio. Hace rato JAPDEVA no draga los canales, lo que ha provocado su saturación hasta impedir el paso o limitarlo al punto de que hay tramos en que ni pequeños yates o lanchas pueden hacer tránsito simultáneo. Y hace rato que los empresarios esperan que las promesas de políticos hechas en campaña electoral se hagan realidad.

Espléndida como ha sido la madre naturaleza en el territorio costarricense, no deja de sorprender el desatino con que nos conducimos (o toleramos que lo hagan otros) con tan deslumbrante riqueza patrimonial. No es el caso de Tortuguero, pero sí de otras regiones donde un mal entendido sentido de la explotación de este acervo con fines turísticos, lleva impreso un derrotero arrasador sobre montañas, reservorios de agua y disposición de aguas usadas. Así se manifiesta en localizaciones de las costas del Pacífico donde más de un deslumbrante desarrollo urbanístico es elocuente expresión de lo que el país jamás debió tolerar. Este sentido depredador del desarrollo turístico no está presente en Tortuguero, lo que no es sinónimo de invulnerabilidad. Hay áreas próximas e incidentes en la calidad de sus aguas y bosques, donde han aparecido comportamientos preocupantes. Por fortuna, hay vientos de cambio en los organismos a cargo de la preservación del medio ambiente y a ellos se deben las providencias, condicionamientos y hasta cierres practicados donde el abuso es manifiesto, sospechosa huella —por lo demás— de conductas inmorales o ilegales. Lo que no se sabe es si llegan a tiempo estos cambios. Porque, ¿qué hacer con el daño causado cuando es irreparable? Muchas veces una multa no basta y una cancelación de los permisos no es posible. ¡Sálvense los canales de Tortuguero de estas aberraciones!