Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 27 Marzo, 2015

Debemos migrar como país a los embajadores profesionales, graduados por el Instituto Manuel María Peralta


Sinceramente

¡Todos al orden!

La libertad de la que disfruta nuestro país junto a las garantías de libre expresión, libertad de credo y de manifestación política nos ha formado bajo la impresión de que podemos decir lo que queremos cuando lo queremos.
Con facilidad los funcionarios de gobierno no se han apercibido que su vida cambia cuando comienzan a desempeñar funciones oficiales.
Los embajadores están sujetos en sus declaraciones a las prohibiciones del Estatuto de Servicio Exterior y su reglamentación. El señor Presidente bien sabía a quién nombraba, así como sus ideas y afinidades cuando los nombró. Uno de ellos, por ejemplo, era coordinador de la Comisión de Relaciones Internacionales del PAC.
Debemos migrar como país a los embajadores profesionales, graduados por el Instituto Manuel María Peralta. Embajadores de carrera garantizan mejor el resultado de sus servicios. Los embajadores políticos yerran por desconocimiento e inexperiencia. Las embajadas deben dejar de ser botín político.
Las personas que guardan coherencia en su vida, su ideología, y en sus manifestaciones de “su verdad”, con frecuencia se expresan apoyando a quienes son luchadores por las ideas a las que son afines.
Así proceden los costarricenses, sin temores de lo que puede acarrearles expresar su “verdad personal” en medios de comunicación colectiva, o en las redes sociales. Ese es el reflejo de la libertad que muchas veces se nos olvida que vivimos y que es como el aire que respiramos en nuestras vidas. La disciplina y el acatamiento de los requerimientos de un puesto son obligatorios.
Nuestro país carece de memoria, con facilidad olvidamos las luchas del pasado, las crisis por alcanzar esa libertad, las raíces que esta misma tiene en todas nuestras vidas.
No es lo mismo la democracia representativa que la democracia de la calle. No es lo mismo la democracia liberal, con partidos, oposición, elecciones, y el sistema de derecho que hemos vivido, que las “democracias populares” de un solo partido, de un solo líder.
La libertad y la democracia no están garantizadas. La libertad y la democracia no son eternas sin lucha constante para defenderlas. La democracia tampoco sobrevive con brechas socioeconómicas profundas.
El país ha presenciado por años una monumental campaña en la que se ha desacreditado toda legitimidad política de los líderes de los partidos democráticos. “Corruptos, neoliberales, los mismos de siempre” acusa esta campaña del miedo.
Bien saben, quienes se han dedicado a descabezar líderes, que sin ellos los partidos no funcionan y sin partidos no hay democracia representativa. Hay que fortalecer la democracia fortaleciendo los partidos. No hay democracia sin honestidad y la corrupción es un elemento que mina el funcionamiento de la misma.
Busquemos la profesionalización plena del servicio exterior y ahorrémosle al país los yerros de personas de buena voluntad pero sin la debida capacitación. Luchemos por nuestros valores. Fortalezcamos la libertad, la democracia y luchemos a diario por su consolidación.
Costa Rica es democrática y debe representar y promover en el mundo los valores de tolerancia, pluralidad, libertad y respeto a los derechos humanos, valores que deben de ser respetados y defendidos siempre. Manuel Antonio González Sanz, mi reconocimiento.

Emilio R. Bruce

Profesor
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