Enviar
Lunes 10 Septiembre, 2007

TLC y agricultura en Costa Rica


Tratando de entender los artículos del señor Juan Carlos Pérez, leí cada uno de ellos, y he de confesar que no logro entender su forma de pensar, y lo que desea decirnos.
Después de estar 15 años en el sector agropecuario, no logro entender cómo es que el señor Pérez nos dice que las distorsiones internas del país no tienen nada que ver con el tema del TLC.
En el entendido de que los TLC son un instrumento de comercio que está inserto en toda una ideología de libre comercio, y que en los tratados comerciales (TLC) es donde se disponen las reglas del juego sobre el intercambio de mercancías, no entiendo cómo estos no tiene nada que ver con las distorsiones internas de los países.
Nos dice el señor Pérez que la crisis de México la provocaron factores macroeconómicos, una insuficiente inversión en infraestructura y en educación, una escasa o nula transferencia de tecnología y asistencia en comercialización (al igual que en los últimos 20 años en Costa Rica), subsidios de sus socios comerciales como los que brindan Estados Unidos a sus productores agrícolas.
He de suponer que el señor Pérez sabe que los mercados internacionales de productos agropecuarios son en su mayoría de excedentes como la leche en polvo, y especulativos como todo lo que se refiere a los granos básicos, arroz, frijoles, maíz, blanco y amarillo, soya, entre otros.
Sabemos que las políticas de todos los países exportadores de productos agropecuarios abastecen, en primera instancia, las necesidades internas de sus pobladores y productores y luego exportan, como acaba de hacer el gobierno de Estados Unidos cuando reservó una importante fracción de la producción de maíz amarillo para la producción de concentrados para animales y no permitió que toda fuera destinada a la elaboración de etanol o la exportación, a pesar de que el sector agrícola solo representa el 2% del PIB (creo que en Costa Rica lo llamamos intervención del Estado, protección a los productores pecuarios).
Es importante recordar que las barreras no arancelarias empiezan con barreras sanitarias. Países como Estados Unidos invierten grandes cantidades de dólares en los departamentos de protección fitosanitaria y zoosanitaria para garantizar a la población la inocuidad de los productos y su origen con el objetivo de proteger sus hatos de animales y riqueza vegetal, muy celosamente. En Costa Rica hacemos todo lo contrario, pues le retiramos ¢100 millones al presupuesto de SENASA (Servicio Nacional de Sanidad Animal). ¿Cómo garantizaremos la inocuidad y origen de lo que nos comeremos en el futuro con estas políticas?
Cuando pensamos en la fragmentación de la tierra en minifundios es bueno recordar que la paz social en Costa Rica se logró precisamente por la tenencia de la tierra en muchas manos de pequeños productores.
Desafortunadamente en nuestro país la reforma agraria no logró su cometido. No se trata de repartir solamente tierras, se trata de no abandonar a los pequeños productores a su suerte sin tecnología ni educación. El Estado no abrió canales de comercialización oportunos para que los parceleros no quebraran y sucumbieran en manos de los intermediarios inescrupulosos; no construyó caminos de penetración para poder extraer los productos de las parcelas.
Es bueno comentar que las grandes soluciones de exportación de piña, melón y otros productos no tradicionales están llagando a nuestros campos creando grandes concentraciones de tierra en pocas manos, donde el pequeño propietario está perdiendo su tierra producto de la falta de atención del Estado a los factores comentados.
La pauperización de la población campesina, que es tan conocida en toda América Latina (Centroamérica incluida) es producto de las políticas mundiales de liberalización y apertura, impuestas a las naciones pobres y en vía de desarrollo (subdesarrolladas) por parte de sus gobernantes de turno durante los últimos 20 años. Estas políticas no han logrado una equitativa distribución de la riqueza, tal y como ha quedado en evidencia en estos días con la noticia publicada en los periódicos nacionales con respecto a la situación económica de la llamada panacea chilena, donde sorprendentemente la renta per cápita alcanzó en 2006 los $12.983 que comparada con el salario mínimo de $260, evidencia la mala distribución de la riqueza y la desigualdad social que aqueja este país. No en balde Chile ocupa uno de los 15 últimos puestos del mundo en igualdad económica, según el Informe de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas.
Comparto con el señor Pérez que la pauperización es producto de la falta de organización y asistencia de las poblaciones vulnerables, organización y asistencia que también los gobiernos de Costa Rica han quedado debiendo.
Ante la falta de políticas de desarrollo claras y la carente infraestructura de nuestro país, hoy no es posible aprovechar el instrumento de comercio que es el TLC. Más bien su aprobación condenaría a gran parte de la población agrícola de nuestro país a la pobreza extrema.

Renato Alvarado Rivera
Presidente Cámara Costarricense de Porcicultores