Suenan marimbas, quijongos y ocarinas
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Bien manejado, el ecoturismo atraería a Guanacaste un visitante interesado en cuidar y disfrutar el ambiente, mientras vive las costumbres locales que contribuyen a ello

Suenan marimbas, quijongos y ocarinas

Inmersos en la fiesta dedicada a resaltar su cultura, sus tradiciones, su folclore y sus expresiones artísticas, los guanacastecos celebran hoy con la alegría que los caracteriza, un aniversario más de la Anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica, ocurrida el 25 de julio de 1824, día en que quedó escrito en el escudo de la provincia “De la Patria por Nuestra Voluntad”.
En los últimos años, Guanacaste, con su inmensa riqueza natural y cultural, vio suceder importantes cambios en su territorio por el impulso dado a porciones de la costa del Pacífico, para un desarrollo turístico orientado al mercado de masas. Después la zona se volvió un verdadero “laboratorio” donde comenzaron a surgir diversos tipos de iniciativas para la atracción de turistas e inversionistas.

Sin embargo, este modelo de desarrollo turístico es distinto al ecoturismo de alto valor, basado en la naturaleza, hacia donde Costa Rica puede dirigirse ya que cuenta con las riquezas naturales para eso y con una población inclinada a ello y educada para la conservación, siempre que el Gobierno implemente medidas adecuadas para facilitárselo.
El Gobierno en ese sentido ha impulsado el crecimiento del ecoturismo y del turismo sostenible mediante distintas herramientas como los certificados de sostenibilidad turística, pero es mucho lo que falta por hacer.
Un mejor control para verificar que los hoteles, los ecoalbergues, los tour operadores y en general todos los servicios relacionados con el ecoturismo adopten estándares diseñados para garantizar este modelo, es indispensable. Y es urgente que estos sitios abandonen la disposición inadecuada de aguas negras y residuos sólidos, así como la contaminación de ríos, playas y océanos.
Pero bien manejado, el ecoturismo atrae a su vez un visitante interesado en cuidar el ambiente y en vivir las costumbres locales que contribuyen a ello, con lo cual se abre el importante abanico del turismo cultural.
Este puede encadenar a cientos de mipymes dedicadas al cultivo e industrialización de productos autóctonos, a las artesanías e incluso a un turismo religioso, tal como se desarrolla actualmente en muchos países europeos con gran éxito.
Guanacaste tiene una enorme riqueza para todo esto y mucho más, que cumpla con las preferencias y tendencias del consumidor actual. Solo falta diseñar e impulsar adecuadamente planes de desarrollo para que el progreso alcance a más guanacastecos, hoy bajo la amenaza de una crisis mundial que pone en peligro a miles de familias de pequeños agricultores y ganaderos.


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