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Viernes 15 Mayo, 2009

¡Solidaridad con los guatemaltecos y con nosotros mismos!

Hasta ahora la afrenta despótica nos había venido, de forma incesante, atacando del sur. No obstante, lo que ocurre en Guatemala debe despertarnos a todos.
Resumen ejecutivo: Un distinguido industrial, de apellido Mussa, y su hija son asesinados. Pocos días después, Rodrigo Rosenberg —a quien tuve oportunidad de conocer y respetar— graba un vídeo que se difunde en los medios electrónicos tras su muerte. Rosenberg dice las cosas como son.
En YouTube, helándome la sangre, Rodrigo aparece con presencia de mente y de espíritu para indicar:
“Buenas tardes, mi nombre es Rodrigo Rosenberg Manzano y lamentablemente si usted está oyendo este mensaje es porque fui asesinado por el señor presidente Alvaro Colom (…) La razón del porqué estoy muerto al momento que ustedes vean este mensaje es única y exclusivamente (…) porque hasta el último momento fui abogado de (los) Mussa los cuales fueron cobardemente asesinados por el señor presidente Alvaro Colom (…)”.
No basta que un excelso hombre, sumado a dos pujantes industriales, hayan acaecido en medio de la violencia de un país sumido en su propia realidad. Hay que aceptar, por mucho que nos duela, que es la misma nuestra.
Sus palabras dan ecos pavorosos en estas fronteras: “No nací para ser héroe, lo que sí no nací es para ser un guatemalteco que mire como están acabando mi Guatemala los narcotraficantes, ladrones y asesinos (…)”.
¿Usted qué piensa? Ante los sucesos de estos días plagados de sombras, helicópteros, sicariatos, corrupción y mentira. ¿Usted qué piensa, cómo no sentirnos salpicados por las realidades que nos dice don Rodrigo quien habla, he de señalar, de Guatemala pero pareciera también implicarnos en su relato?
¡Qué tirada que estas palabras no vayan a tener el impacto aquí, no sé allá, que merecen! Se nos va de las manos y nos espera la misma suerte. Porque de no hacer nada, la muerte de Rodrigo servirá simplemente, como en esta nota, para reivindicar un camino mejor.

Pedro Oller