Sobre sonrojos políticos
En estos días leí una entrevista que le hicieron al ministro de Hacienda, Helio Fallas. Me llamó la atención una fra...
En estos días leí una entrevista que le hicieron al ministro de Hacienda, Helio Fallas. Me llamó la atención una frase que dijo y que además fue el título de la nota: “Se me cae la cara de vergüenza con los organismos internacionales”, la pronunció en relación con los proyectos de reforma fiscal pendientes de aprobación en la Asamblea Legislativa.
Inmediatamente recordé que fue la misma gente del actual Poder Ejecutivo, tanto en campaña como en el arranque del gobierno, quienes creían innecesaria una reforma fiscal. Inclusive en sus primeros viajes al extranjero como gobernantes —de los tantos— defendieron sin fundamentos reales la negativa a una reforma fiscal ante esos mismos organismos que hoy los sonrojan con sus reclamos y expectativas.
Fallas nos dice que no tiene sentido discutir lo que antes él y la Administración Solís decía al respecto, que lo importante ahora es la situación realmente crítica que le hace mucho daño al país; o sea, la inconsistencia sobre temas determinantes y el mentir en campaña electoral se vale.
Más que con los organismos internacionales nuestros gobernantes deberían tener pena y sonrojarse ante quienes los eligieron, pues son ellos los que creyeron en su elección y quienes se ilusionaron con sus propuestas y los cambios prometidos. Más que con los organismos internacionales los gobernantes deberían sonrojarse ante los pobres que no conocen ni disfrutan del bien común que se pregona como sustento del contrato social que nos agrupa en sociedad.
Vergüenza deberían padecer nuestros gobernantes cuando no logran disminuir la pobreza (22%) desde 1994, cuando en campañas electorales utilizan este tema como fundamento de sus más loables propuestas. Ningún gobernante debería estar satisfecho con su gestión si no logró disminuir considerablemente la pobreza. La mejora en los números macroeconómicos debe obligatoriamente reflejarse en una mejor situación de la sociedad, de lo contrario será otro fracaso.
Ciertamente urge una reforma fiscal en nuestro país, de eso no cabe la menor duda, pero la Administración Solís dio alas a sus adversarios para oponerse a un tema determinante, no solo por sus discursos sino por la presentación del presupuesto 2015, los desproporcionados aumentos salariales al sector público, las transferencias exageradas a las universidades públicas y más.
Costa Rica urge de gobernantes que cada día se sonrojen más y que ante incapacidades demostradas den oportunidad a otros de tener acceso al poder, quienes deben arrebatar esa oportunidad, con el interés mayúsculo de pensar en aquellos que siempre abrigan esperanzas de una nueva forma de gobernar, de generar equidad, de hacer que las cosas sucedan.
Qué pena me da decirlo, inclusive lo digo con dolor, pero siempre me obligo a ser exigente con los gobernantes, la Administración Solís Rivera se me asemeja a las tortugas, pero desde la perspectiva del novelista inglés Evelyn Waugh (1903-1966) —reconocido por su humor negro— quien alguna vez dijo que “la principal incapacidad de las tortugas como animales de carreras no estriba tanto en su lentitud como en su confuso sentido de dirección”.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo