Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 19 Septiembre, 2011


Sobre nuestra independencia

Tica por decisión de mis padres (antes de mi mayoría de edad), supe luego por voluntad propia que este sería el país donde me desarrollaría como ser humano. Aprendí su cultura, estudié su historia, respeté sus creencias, escribí en su lenguaje y decidí que Costa Rica sería mi patria. Sentí (siento) que tengo los mismos derechos que cualquier ciudadano nacido en este lugar. Si bien mi cédula empieza con el número ocho (y muchas veces algunos pocos xenófobos me señalan como extranjera), yo afirmo con orgullo ser costarricense.
Mis hijas (cédula 1) son más ticas que yo: lo sé y me alegra. A una los pejibayes, los chicharrones y la salsa Lizano le quitaron el sueño cuando estuvo un año fuera del país; la otra (que desea desayunar gallo pinto con natilla todas las mañanas) pidió arroz con pollo para su despedida antes de partir y va a llevar guayabitas para su estadía. Mis pequeñas aún no son tan grandes como para extrañar el mejor café que —sin duda— uno se pueda tomar en cualquier lugar del mundo.
Uno de los mejores recuerdos que mis hijas, Manuela y Valeria, tienen de su infancia es el desfile de faroles. Su padre les construyó faroles espectaculares: casitas que no tenían candelas si no luces que funcionaban con pilas.
Yo cumplí con acompañarlas año tras año, el 15 de setiembre al desfile de Curridabat. Manuela, la mayor, tocó la lira varias veces y Valeria, la menor, en 2010 dirigió junto con su amigo de toda la vida, Adrián, a los abanderados.
Ahora, bien, ¿es el 15 de setiembre nuestra fecha de independencia? Mi colega y amigo Miguel Rojas, quien más que dramaturgo histórico parece ser un historiador que escribe teatro, se apasiona cuando habla de este tema. Desde hace años Miguel insiste, porque ha investigado con entusiasmo, que nuestra verdadera fecha de independencia es el 29 de octubre de 1821. Ese día, reunidos en Cabildo Extraordinario y Abierto en la ciudad de Cartago, todos los representantes políticos, sociales y religiosos de nuestro país proclamaron la Independencia Absoluta de Costa Rica de España. Poco después se pregonó la Primera Constitución Política, el Pacto de la Concordia.
Guatemala declara su Independencia el 15 de setiembre de 1821 e informa a sus antiguas provincias su resolución. El acta llega a nuestro país el 13 de octubre, pero su contenido ideológico no es necesariamente el que los ticos habían escogido. El 29 de octubre las fuerzas vivas costarricenses deciden su independencia y su propia constitución.
Es muy posible que mi amigo Miguel tenga razón. Tal vez debemos celebrar la Independencia de nuestro país cuando fue promulgada aquí y no en otras regiones. Yo, como tica, sigo pensando que el himno más representativo, el que más me gusta, el que quisiera que más nos definiera como país es el del 15 de setiembre (o 29 de octubre, no importa la fecha). Y rescato y canto a viva voz dos de sus estrofas: “Nuestro brazo nervudo y pujante contra el déspota inicuo opresor, a los ruines esbirros espante que prefieren el ocio al honor. / Sólo es hombre el que tiene derechos no el que vive en la torpe abyección, y baluarte serán nuestros pechos contra el yugo de inicua opresión”.

Claudia Barrionuevo
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