Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 3 Diciembre, 2009


De cal y de arena
Simas insondables de la corrupción

Encendieron el ventilador y la porquería se desperdigó por todos lados. Su coraje para formalizar en tribuna pública y no temer las consecuencias, sirvió para orear una pequeña parte de lo mucho que se habla en conciliábulos acerca de la profunda corrupción existente en este país y del maridaje concertado entre el poder político, el poder financiero y el poder mediático para hacer del Estado y de los partidos políticos tradicionales —sometidos ya a sus insaciables caprichos— una herramienta de enriquecimiento por gracia del tráfico de influencias, la dobladura de voluntades y el uso y abuso de la información privilegiada. Lo dicho en público por el abogado y economista Jorge Guardia y por el ex ministro, ex diputado y hoy aspirante presidencial Rolando Araya, es sumamente grave y debe ser parte central —dentro del tema de la corrupción— de la campaña electoral. Así lo dicta el interés de proporcionar al ciudadano toda la información necesaria para ayudarle a formar criterio, con elementos que van más allá de lo que se propongan las encuestas de factura sesgada y de tendenciosa presentación en los medios de comunicación social.
Desde luego, las imputaciones hechas por Guardia a una selecta y habilidosa clase de banqueros y las denuncias de Araya sobre los rastros que marcan las relaciones del presidente Arias Sánchez con un omnipresente grupo financiero, vinieron a romper el molde usado para hacer de esta campaña electoral algo rutinario, insulso, vacío, incapaz de poner en riesgo el control de los resortes del poder hoy en manos de aquella triple alianza.

Fue una inesperada explosión que tumbó los muros del condominio donde reina algo así como la omertá. En un caso —las denuncias de Araya— corrieron a desconectar el ventilador y a imponer la ley del silencio. Por eso, nadie habla de ellas en los medios tradicionales. En el otro, no pudieron parar el ventilador, silenciaron a quien indició Guardia y aparecieron unos reconocidos economistas —cual palafreneros— tratando de desviar la atención, como si el tema central de las imputaciones fuese el balance de resultados y el estado de ganancias y pérdidas de los bancos y no los vicios y corruptelas que condujeron a amasar enormes fortunas.

Esto tiene que ver con la importantísima cuestión de la enorme concentración de poder que se ha dado en este cuatrienio, con riesgo para las instituciones democráticas y la calidad de sociedad, por obra de la cual se ha impuesto un modelo de desarrollo devastador en cuanto a pobreza, desempleo e inequidad. Los usufructuarios de tal concentración de poder medran con el vacío creado por partidos que desfallecen, con una oposición apenas simbólica y con el hecho de que entre los Poderes del Estado la doctrina de los frenos y contrapesos es mera retórica. Hay que ventilar todo esto; hay que encarar la corrupción; hay que hacerlo por la salud de la nación para erradicar el maligno tumor. Hacerlo no es ensuciar la campaña sino ejercicio irrenunciable de salvamento de nuestra democracia.