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Domingo, 25 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


Sigamos tirando el dinero

Arturo Jofré [email protected] | Viernes 03 septiembre, 2010




Cuatro factores de peso que nos hacen derrochar el dinero: el clientelismo político, las instituciones mal concebidas o deficientemente administradas, pobres sistemas de control y las marmitas de la corrupción

Sigamos tirando el dinero

La danza de miles de millones de colones que se lanzan en cosas innecesarias es interminable. Esto no es nuevo, es una fuerza cuyo origen desconozco, pero ya en la década de los 70 muchas cosas olían feo. Esos olores nauseabundos salían de instituciones como el MOPT, el IDA, RECOPE, y la fenecida CODESA. Tengo un alto respeto por la función pública y en muchos campos simplemente las veo insustituibles, por eso las critico con cariño.
Hay cuatro factores de peso que nos hacen derrochar el dinero: el clientelismo político, las instituciones mal concebidas o deficientemente administradas, pobres sistemas de control y las marmitas de la corrupción. Cada uno de estos factores es un veneno mortal para la sociedad y si los atenuamos crearíamos una nueva y poderosa fuente de recursos.
El caso del combate a la pobreza es un ejemplo vivo de esto. Hace unos 40 años se creó el IMAS, a los tres años ya estaban creando al FODESAF… y siguieron hasta llegar a 34 programas especiales, dispersos en decenas de instituciones. Lo curioso es que la pobreza sigue creciendo (en términos absolutos). El IMAS no llega ni al 10% de los hogares pobres y cerca de la mitad de la ayuda que presta va a hogares que… no son pobres. Los otros programas andan por caminos parecidos.
Hace un año el Banco Mundial indicaba que cada año desperdiciamos $460 millones en pagos excesivos en el sistema de compras utilizados por las instituciones públicas. Sé que se han estado tomando medidas, pero no tengo conocimiento que este tumor haya sido extirpado.
El clientelismo político hace mucho daño. Los famosos delegados presidenciales son redes partidistas que se sobreponen a las directrices de muchos organismos estatales. Es una especie de ejército proselitista que anda ofreciendo calles, becas, beneficios sociales, etc. ¿Dónde terminan los fondos públicos? ¿Será por eso que el 28% de las casas construidas con bonos de vivienda no calificaba para este beneficio, como lo ha denunciado el Colegio de Ingenieros? ¿Habrá relación con el descontrol que se ha producido con las becas del Programa Avancemos? En otros campos los ejemplos son interminables.
El clientelismo político tiene otra cara más preocupante: no ayuda al fortalecimiento de la democracia. ¿Es sano que delegados con claro propósito político anden repartiendo recursos estatales? ¿No es esta una estructura paralela que contamina los procesos electorales? Para eso hay ministros, direcciones regionales, en fin, que deben ejecutar proyectos con prioridades nacionales y regionales.
Tenemos grandes tareas pendientes. Deberíamos iniciar un esfuerzo sostenido para limpiar la casa, tal vez no es necesario seguir agregando cuartos, sino ordenarlos y deshacernos de cosas inútiles. La tarea es difícil, pero algún día hay que iniciarla. El impulso le corresponde al Gobierno, la comprensión y el apoyo con visión de futuro le toca a la oposición de hoy. ¿Utopía? Bueno.

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