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Una revisión del rendimiento y la pertinencia de los puestos públicos debería ser una de las principales tareas del próximo gobierno


Se debe medir rendimiento en sector público

No solo el normal cambio de los burócratas de confianza, sino una revisión del rendimiento y pertinencia de muchos puestos públicos debería ser una de las principales tareas del próximo gobierno.
En cada cambio de administración finalizan contratos y se renuevan o cambian por otros, en los llamados puestos de confianza.
Sin embargo, en esta ocasión cualquiera de los dos candidatos que ganara las elecciones debería proponerse como una de las tareas inmediatas no solo esto, que es lo normal, sino la reestructuración del sector público.
Recordemos que miles han sido contratados en las dos últimas administraciones, sin contar con ingresos suficientes el Gobierno y las instituciones para pagar sus salarios, lo que en gran medida llevó al endeudamiento externo del país.
Hoy, la principal carga que genera el déficit fiscal son los abultados salarios de los empleados públicos, que crecen de forma automática cada año —además de tener una serie de pluses—, y los intereses a pagar por la deuda externa que se adquirió.
Este crecimiento desmedido del sector público no ha significado en general mejoras en la calidad de los servicios.
Esto obligará al próximo gobierno a hacer efectiva la reforma del Estado que los políticos ofrecen desde hace décadas sin concretar.
Hubo momentos en que se dio la oportunidad a estos empleados de renunciar a sus puestos recibiendo mucho más en prestaciones de lo que normalmente les correspondería. En muchos casos, significó la fuga de los mejores.
Sin embargo no bajó la planilla pública porque otros funcionarios fueron contratados, en cada gobierno siguiente.
Una verdadera reestructuración del Estado requiere contar con insumos como haber medido el rendimiento de los colaboradores públicos.
Mientras no se mida ese rendimiento, sección por sección, departamento por departamento, en cada institución, no se sabrá cuántos funcionarios son necesarios. Puede que en algunos casos más bien falten (salud, educación y seguridad) y en otros haya duplicaciones y falta de eficiencia.
A esto hay que agregar, desde luego, un cambio en las prácticas de privilegios como los obtenidos a lo largo de las administraciones, que fueron autorizados por los jerarcas de turno.
El próximo gobierno debe concretar esta labor porque el sector productivo y la población en general necesitan servicios públicos eficientes y eficaces.
Este, entre otros, sería uno de los grandes logros que podrían marcar la diferencia de quienes asuman la dirección del país el 8 de mayo.

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