“Roban pero hacen”. ¡No, no y no!
Honorable y eficaz en política no son calificativos excluyentes, todo lo contrario
Honorable y eficaz en política no son calificativos excluyentes, todo lo contrario
Si usted es de los que repiten esta frase con frecuencia y con resignación implorando el retorno de algunos pseudopolíticos que le han hecho tanto daño a la Política con P mayúscula, al menos tenga la decencia de no repetirla frente a sus hijos. Esto por tres grandes no: no le haga daño al futuro de la sociedad “vendiendo” su pérdida de valores, no promueva en la ciudadanía una derrota inexorable y no abrase al conformismo.
Léase bien mi párrafo anterior, me referí a los pseudopolíticos, no a los partidos políticos, que ciertamente adoleciendo hoy de las mejores estructuras aún tienen gentes bien preparadas y bien intencionadas. Ningún partido tiene el monopolio de la sabiduría, ni ningún partido tiene el monopolio de la moral y la honradez.
Sencillamente sus estructuras y la ceguera de algunos obsesionados por llegar al poder les han hecho dejar atrás la meritocracia en gobierno y así han preferido nutrirse de kakistocracia.
Si usted me preguntará qué fue primero, el huevo o la gallina, no sabría responderle. Pero si me pregunta qué fue primero, la corrupción o la mediocridad, de inmediato le contesto que la segunda.
La mediocridad en cualquier actividad —en especial en la política— es la madre de la corrupción. El mediocre a sabiendas de su imposibilidad de hacer una carrera política digna de reconocimientos por logros y compromisos, prefiere meter las manos en las arcas del Estado o hacer tráfico de influencias para apropiarse de riqueza en cuatro años, la que jamás podría tener por sus capacidades y con trabajo duro.
Lo relevante no son los colores de la bandera de quienes asumen el poder para dirigir la nación, la clave está en los hombres y las mujeres que llegan a ostentar ese poder, quienes no solamente han de ser probos sino capaces para las funciones encomendadas.
Usted puede repetir a partidos de antaño en el ejercicio de dirección de la República, pero no puede permitir que sigan con vigencia los individuos que han demostrado poca honorabilidad y decencia política.
Menos promover la estúpida frase de “roban pero hacen”, la cual le hace a usted responsable del menosprecio a la política y las consecuencias del deterioro social. Como ciudadano y por el bien de la patria usted está obligado a promover virtudes y no sus desazones, de lo contrario las mezquindades absorberán la esperanza de los valores más nobles.
Honorable y eficaz en política no son calificativos excluyentes, todo lo contrario, han de ser valores consustanciales en el ejercicio de la función pública. Gobernar debe ser un apostolado para aquellos que creen en el bien común y en el prójimo, para quienes comprendemos que la política ha de ser la práctica cristiana de nuestra filosofía, fraternidad y predica de vida en sociedad.
Piénselo bien, si estas palabras no han calado en su sensibilidad ciudadana, en su papel de madre o padre, en sus intenciones de liderazgo, es sencillamente porque usted ya es parte —a lo mejor sin darse cuenta— de la kakistocracia que nos corroe; palabra griega (kakoz: malo, kpatia: gobierno) que en español suena a excremento pero que se refiere al gobierno de los peores; bueno, a lo mejor en el fondo sí son sinónimos.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo