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Sábado, 23 de febrero de 2019



COLUMNISTAS


Requerimos de algo más para mejorar la prosperidad

Roberto Dobles [email protected] | Lunes 11 febrero, 2019


La creación y la mejora permanente de un conjunto de ventajas competitivas nacionales superiores, o al menos iguales, a las de otros países es fundamental para potenciar continuamente la prosperidad.

La mejora continua de la competitividad energética forma parte importante de este contexto de ventajas competitivas nacionales.

La energía es tan importante para el desarrollo y la prosperidad de un país que a menudo se le llama el oxígeno, la sangre o el motor de una economía y las condiciones en que se abastezca (costos, seguridad de suministro, etc.) son determinantes fundamentales para tener éxito.

Sobre este tema, el Foro Económico Mundial señala que “La energía es la sangre de la economía y es un insumo crítico para casi todos los bienes y servicios. Los precios asequibles y estables de la energía impulsan el crecimiento económico” y que “El acceso a una energía asequible y confiable es fundamental para reducir la pobreza, aumentar la productividad, mejorar la competitividad y promover el crecimiento económico”.

Al impulsar el crecimiento económico, la competitividad energética impulsa también fuertemente la generación de ingresos fiscales sin aumentar los impuestos.

Si bien todo esto está totalmente claro en el mundo, en Costa Rica no parece estar claro. Basta con ver lo que está pasando con los costos nacionales de la energía.

Las tarifas eléctricas siguen creciendo en una espiral sin freno, a pesar de que en este momento son mucho más caras que las tarifas en la mayoría de los países con los que competimos en el comercio internacional y por atraer inversión externa directa.

Este año la situación se está agravando. Las tarifas tuvieron un gran aumento en enero y ahora en febrero se han solicitado a la ARESEP nuevos aumentos adicionales de gran magnitud.

Para hacer énfasis en este serio problema del rápido crecimiento de las tarifas eléctricas, me refiero de nuevo a las manifestaciones hechas en el mes de febrero del año pasado por dos importantes organizaciones nacionales (las cuales no incluyen los nuevos aumentos que se han dado desde esa fecha y los nuevos aumentos que están en proceso que agravan aún más el problema):

  • Cámara de Industrias: “En diez años, mientras en Estados Unidos las tarifas eléctricas subieron un 10% y en Europa bajaron un 1%, en Costa Rica subieron un 94%”. “El industrial debe producir para competir con el mundo y en el mundo, donde las tarifas son mucho más bajas”.
  • CINDE: “En el año 2005, el costo promedio de la energía eléctrica en Costa Rica para consumidores industriales de media tensión fue de 6,2 centavos de dólar por kilovatio hora (kWh). En ese año, nuestro costo era similar al de Estados Unidos y era la mitad del de México; sin embargo, en 2016, nuestro costo por kWh llegó a ser tres veces más alto que el de Estados Unidos y el doble de México”.

Los precios nacionales de los derivados de petróleo importados son también mucho más elevados que los precios en otros países con los que competimos. Varios estudios así lo demuestran. Entre ellos, se encuentran dos estudios cuyos extractos han sido publicados recientemente en los medios de comunicación:

  • Un estudio contratado como parte del proceso de adhesión de Costa Rica a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) señaló que varias condiciones del suministro nacional de combustibles “le cuestan a Costa Rica un pago adicional correspondiente a 1,35 puntos porcentuales de su producto interno bruto (PIB), es decir, casi ¢500.000 millones anuales actualizados al 2019”.
  • Otro estudio de la Contraloría General de la República llegó a la conclusión que “Recope encarece la traída de combustible por manejar inventarios ‘sin criterio técnico’”.


Todo este flagelo provocado por los altos costos de la energía en el país, que impactan fuertemente el desarrollo económico y social, se da en un momento en que la economía nacional baja su raquítico ritmo de crecimiento económico y sube consecuentemente el desempleo.

En 2018, la economía nacional creció apenas un 2,7% y fue menor a lo que el Banco Central esperaba en la revisión del Programa Macroeconómico que hizo a mediados de 2018, que era del 3,2%. Este crecimiento esperado para 2018, y el real del 2,7% que ocurrió, son muy bajos para disminuir, entre otras cosas, la pobreza, el desempleo y la desigualdad y más bien agravan la situación.

Todas las informaciones disponibles señalan que la ralentización de la economía continuará en 2019 y 2020 y que no hay señales claras de que la economía se reactive y crezca a niveles suficientemente altos para asegurar la prosperidad nacional y para disminuir significativamente el desempleo y la pobreza.

Como era de esperar como consecuencia del bajo crecimiento económico, “el desempleo en Costa Rica se disparó a un 12% en el último trimestre de 2018” y “alcanzó niveles históricos”. Y para agravar más la situación, las personas jóvenes son las más afectadas ya que las “personas entre 15 y 24 años representaron el 43% del total de desocupados en el último trimestre de 2018”. Esto es muy grave.

La principal razón para que el desempleo alcanzara niveles históricos en el país es obviamente el bajo crecimiento de la economía nacional, por lo que la reactivación de la economía es clave.

Otros estudios señalan que “más de 56 mil microempresarios cerraron su negocio el año pasado”, lo cual agrava aún más la situación.

Adicionalmente, a pesar del reciente aumento en los impuestos, la situación fiscal continuará siendo crítica y la deuda pública continuará creciendo, razón por la cual las principales calificadoras internacionales de riesgo soberano (Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch) bajaron las calificaciones del país.

Un estudio de la Universidad de Costa Rica señaló además que “la confianza de los consumidores cayó a su nivel más bajo en 16 años”.

Y para empeorar más la situación, la evolución de la economía mundial no es favorable, la cual tiene un peso muy importante para Costa Rica, ya que somos un país muy abierto a la economía mundial.

Varias organizaciones internacionales han venido llamando la atención sobre este tema. Una de ellas es el Foro Económico Mundial. En su reunión anual de enero de 2019 en Davos (Suiza), los principales líderes políticos, empresariales y de otros sectores del mundo llegaron al consenso de que “vamos camino a una desaceleración en el crecimiento global”.

En los países exitosos y prósperos del mundo, el Estado fomenta activamente la competitividad energética con el fin de impulsar la inversión privada interna y externa, que es la generadora fundamental del crecimiento económico y del empleo. La agenda energética juega un rol clave para impulsar continuamente el crecimiento económico y la prosperidad social.

Pero en Costa Rica, la agenda energética no tiene un rol relevante para la reactivación económica y, contrario a lo que ocurre en muchos países del mundo, los costos nacionales de la energía siguen creciendo y creando serias desventajas competitivas.

Esto ocurre en gran medida porque no se incorporan de manera relevante en la matriz energética nacional las fuentes de energía que están liderando en el mundo la reducción de costos de la energía, la reactivación económica, la transición energética y la reducción de las emisiones al ambiente.

La International Energy Agency (IEA), como muchas organizaciones internacionales, señala claramente cuáles son las fuentes líderes de energía en el nuevo entorno: “Como resultado de las grandes transformaciones en el sistema energético global que ocurrirán en las próximas décadas, las energías renovables (especialmente la energía solar) y el gas natural son los grandes ganadores en la carrera para satisfacer la demanda de energía al 2040”.

Es claro que a nivel mundial las dos principales fuentes de energía líderes que están impulsando actualmente la nueva era energética son la energía solar (en el subsector eléctrico) y el gas natural (en el subsector combustibles).

Aquí la energía solar no juega ningún rol relevante ya que su participación en la generación eléctrica nacional es apenas del 0,02% y en el abastecimiento energético nacional es del 0,0044%. Con respecto al gas natural, simplemente no hay interés en desarrollarlo.

En Costa Rica no se busca que el sector energético se convierta en un motor clave de desarrollo, como sí ocurre en muchos países con los que competimos, y más bien continuamos aumentando las caras importaciones petroleras (a un ritmo superior al de cualquier otra fuente de energía) y continuamos desarrollando fuentes nacionales de energía de alto costo.




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