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Jueves, 15 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Refinería

Leiner Vargas [email protected] | Martes 26 abril, 2016


 Quienes defienden la construcción de la Refinería de este o de los gobiernos anteriores, deben presentar sin aspavientos sus datos de costos, eficiencia y sus expectativas de ingresos futuros con claridad

Reflexiones

Refinería

Existen muchas y muy diversas razones para estar a favor o en contra de un proyecto de infraestructura pública, ya sea que se trate de una carretera, un aeropuerto, un tren, una nueva represa hidroeléctrica o de una refinería. Es importante como sociedad el evitar meter en el centro de la discusión nacional la ideología o el usar argumentos sin fundamento técnico para oponerse o para apoyar dichos proyectos. Socialmente hablando, un proyecto de infraestructura puede y debe hacerse cuando la rentabilidad social y económica del mismo es positiva y si comparado con otros proyectos de igual magnitud o importancia para la sociedad, dicha actividad o inversión en infraestructura genera un mayor retorno social que otras alternativas existentes.
Insistí con gran fuerza sobre los errores y omisiones del proyecto de la refinería de Soresco en tanto los indicadores financieros utilizados y los coeficientes de eficiencia técnica del proyecto, no eran acordes con la realidad y el estado actual de la técnica. La supuesta rentabilidad económica planteada, no se sustentaba en el sentido común y en los datos normales de lo que los economistas llamamos “business as usual” o estado actual del negocio de refinación. Así las cosas, ya sea por costos subvaluados o por ingresos y eficiencia de operación sobrevalorada, los resultados del flujo de efectivo del proyecto pueden darnos números muy alegres y no reflejar adecuadamente la realidad. Si en un negocio privado hacemos esto, ponemos en peligro la rentabilidad de la empresa y si la inversión es muy alta, podríamos llevar a la quiebra el negocio.
Cuando estamos en la esfera pública, más allá de que podemos incorporar beneficios públicos adicionales o externalidades positivas y negativas del proyecto a la sociedad, debemos ser aún más estrictos con los resultados financieros del proyecto. No es posible que una carretera, una represa hidroeléctrica o puente, terminen costando tres o cuatro veces más de lo planeado en la factibilidad inicial. Cuando esto sucede, tenemos claramente que sospechar de los profesionales que realizaron dichos estudios y de la poca rigurosidad con que se llevaron a cabo. Así las cosas, quienes defienden la construcción de la Refinería de este o de los gobiernos anteriores, deben presentar sin aspavientos sus datos de costos, eficiencia y sus expectativas de ingresos futuros con claridad. No se vale hacer ejercicios a mano alzada con unos cuantos supuestos no validados por el estado actual de las cosas, sin tener en cuenta la magnitud y las características del proyecto que se quiere construir o sin establecer los parámetros de eficiencia razonables que se pueden alcanzar. Menos pasión y más razón, es lo que se necesita para convencer a la sociedad costarricense en un debate sobre si se debe o no construir un proyecto u otro de infraestructura. Hasta que eso no ocurra, las especulaciones solo muestran la escasa seriedad de los argumentos de quienes quieren una u otra cosa.

Leiner Vargas Alfaro
www.leinervargas.com