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Lunes 26 Octubre, 2009

¡Que no nos deje el TREM!

Si queremos combatir el cambio climático en Costa Rica, la batalla clave será solucionar el problema del transporte en la Gran Area Metropolitana (GAM). Esta cornubación urbana concentra la mayor población del país y consume la mayor cantidad de energía, especialmente, en el sector de transporte. Más de un 50% de nuestras emisiones totales de gases de efecto invernadero se genera en zonas urbanas.
Hay que reemplazar el paradigma del auto privado. En la década de los 80 había un automóvil por cada diez costarricenses. Hoy hay un auto por cada cuatro personas. Nuestra infraestructura de transporte no ha presentado la misma tasa de crecimiento. Prueba de ello es que hemos tenido que recurrir a medidas de emergencia temporales, tal como la restricción vehicular. Este paradigma de desarrollo insostenible nos está costando cada año más del 4% del PIB anual en pérdidas.
El proyecto tren eléctrico metropolitano (TREM) es la columna vertebral de una nueva GAM. Sin el TREM, el esqueleto de un transporte urbano moderno, limpio y seguro no se puede levantar. En áreas metropolitanas similares, como Curitiba y Bogotá, se ha evidenciado que un medio de transporte masivo central es la semilla que revivió el casco urbano y germinó un desarrollo urbano orgánico.
De todas las acciones que podemos tomar para reducir las emisiones del sector transporte (incluyendo la introducción de biocombustibles, vehículos eléctricos, etc.), el TREM es la que brinda la mayor reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
Nuestro estudio, desarrollado por profesionales del sector energético y apoyado por estudiantes de la universidad de Yale, afirma que el TREM puede reducir un millón de toneladas de CO2 por año.
Sabemos que proyectos troncales como el TREM, les dan vida a mejoras complementarias como los buses sectoriales, las ciclovías y la planificación urbana integral. Los efectos secundarios representan otro medio millón de toneladas de CO2 en reducciones. El TREM puede reducir un 12% de nuestras emisiones nacionales de CO2.
La perfección es el peor enemigo de la acción. El proyecto TREM es el primer paso hacia un plan integral de desarrollo urbano. Hagamos un breve alto para evaluar alternativas financieras. Pero, ¡no descarrillemos el proceso de licitación!
Hemos invertido millones de dólares y miles de horas en estudiar soluciones efectivas. Sabemos lo que se debe hacer. Nos encontramos en un cruce histórico en el tema de cambio climático. ¡Que no nos deje el TREM!

Roberto Jiménez ([email protected])
Esteban Bermúdez ([email protected])