Enviar

Con el paso de los años, algunas instituciones del Gobierno y del Estado, se fueron convirtiendo en víctimas de oscuras tramas en las que los funcionarios honestos y trabajadores, responsables y eficientes, no pueden a veces cumplir con su deber


¿Qué le espera a Solís?


Con un país endeudado a base, principalmente, de una planilla estatal obesa heredada de los últimos gobiernos, tendrá que comenzar su mandato Luis Guillermo Solís.
Tenemos un Estado débil aunque voluminoso, carente de adecuados controles y por ello caldo de cultivo idóneo para que incuben actos de corrupción de diferentes magnitudes.
Poco a poco, con el paso de los años, algunas instituciones del Gobierno y del Estado, se fueron convirtiendo en víctimas de oscuras tramas en las que los funcionarios honestos y trabajadores, responsables y eficientes, no pueden en ocasiones cumplir con su deber.
Estos se ven obstaculizados en muchos casos, por otro tipo de funcionarios que llegaron a sus puestos como consecuencia del clientelismo y que responden a intereses espurios.
Así, desnaturalizadas unas y casi paralizadas otras, no brindan esas entidades los servicios que por ley deben dar a la población con calidad y en tiempo razonable o necesario.
Un fenómeno que se fue dando ante la mirada indiferente (¿o complaciente?) de los gobiernos que nada hicieron a pesar de su profuso verbo para sanear al sector público allí donde eso fuera necesario.
Hoy la tarea es mucho más compleja y difícil que si se hubieran tomado las medidas a tiempo para frenar esta situación.
Ese es el panorama que se encontrará el nuevo mandatario, quien tendrá que buscar, sin embargo, posibles salidas al problema porque el país no puede endeudarse más con el pago de planillas, en algunos casos cargadas de privilegios que las hacen muy costosas.
Algo que Costa Rica no puede sostener y que, aunque pudiera, no debe.
No obstante, pareciera que buena parte de los más graves problemas que el nuevo Gobierno se encontrará podrían aliviarse, si no solucionarse totalmente, con solo descubrir una clave que permita barrer la corrupción.
Esta última no solo puede desviar fondos públicos, sino que, como consecuencia de ello paraliza una gran cantidad de obras y servicios.
Por ello, a menor corrupción seguramente podrán fluir mejor las iniciativas para detener el crecimiento del déficit y de la deuda pública, en grandes acuerdos nacionales que trasciendan la mirada corta y egoísta y que además, mejoren los servicios.

Ver comentarios