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¿Qué es primero?

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El Ministerio de Hacienda ha manifestado que para paliar el déficit fiscal se debe paralelamente aumentar los ingresos tributarios y reducir los gastos del Estado.
Yo concuerdo con esa idea en términos generales, pero no en el “timing”.
Cuando se modifican las leyes para aumentar los impuestos, quedan prácticamente gravadas en piedra y la prueba es nuestro desastroso sistema tributario, que apenas ha tenido modificaciones realmente significativas en los últimos 30 años.
Es decir, si se aprueban aumentos de impuestos tendrán un efecto prácticamente inmediato.
Pero con la reducción de gastos es completamente diferente, porque no existe ninguna garantía de que el próximo Gobierno vaya a tener la firmeza y las agallas que se necesitan, para tomar acciones que verdaderamente disminuyan el gasto estatal en la medida que se requiere, puesto que esto es “crónica de una huelga anunciada” de la mayoría de sindicatos del país, que velan por el mantenimiento e incluso el aumento de los privilegios que el resto de la clase obrera del país no tiene (pero que sí tiene que pagar), y que en no pocas ocasiones fueron conseguidos a través del chantaje estatal, igualmente  a punta de huelgas.
Por otro lado, las medidas de contención del gasto (las que el país de verdad necesita) parece que pueden tener incluso un mayor impacto en el déficit que los impuestos y por eso deben preceder a los aumentos, aunque también haya que hacerlos.
Esto no significa que el país no necesite una profunda reforma fiscal ahora mismo, pero el punto es que esa reforma no tiene que estar enfocada a aumentar impuestos, sino a eliminar las profundas desigualdades de nuestro sistema tributario, las cuales son insostenibles desde el punto de vista de justicia tributaria. Para muestra un botón: ¿por qué los profesionales liberales tienen cargas desiguales a los asalariados? ¿Es que acaso en ambos casos no se trata de rentas del trabajo? Lo que pasa es que esto no es atractivo para ningún Gobierno si no ven dinero y por eso nunca se hace.
Dado que estos problemas tocarán de frente al próximo Gobierno, es indispensable que el debate político toque el déficit como uno de los temas centrales y que los candidatos sean obligados a decir que proponen hacer para disminuirlo.
El problema es que normalmente los candidatos prefieren ganar diciendo mentiras, ¡que perder dignamente diciendo la verdad!

Rafael Luna
Abogado tributarista
[email protected]

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