Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 1 Agosto, 2018

¿Qué es “trafico de influencias”?

En una “democracia pura” todo ciudadano adulto votaría a favor o en contra de las leyes y reglamentos que algunos desearían que se aplicaran a toda la sociedad. En un país con 3 millones de mayores de edad sería casi imposible y muy costoso que todos participaran en el proceso de la votación, aunque ahora, con la existencia de Internet, no tanto. Entonces tenemos “representantes” que también se llaman diputados.

La gran pregunta es cuánto contacto puede tener con “su diputado” cuando ya es elegido por un periodo de cuatro años. Si un ciudadano se acerca a un diputado en una reunión y le cuenta que el techo de la escuela primaria más grande del cantón donde vive está casi colapsado y pide ayuda, y ese mismo “representante del pueblo” llama al responsable en el Ministerio de Educación Pública (MEP) y le pega una regañada, ¿es ilegal? ¿Es “tráfico de influencias”? Y si el diputado convoca a los demás de los de su partido y anuncian que no votarán el presupuesto del MEP si no arreglan el techo de esa escuela, ¿es procedimiento que viola alguna ley?

El país se ha permitido ser domado por los abogados y sus procedimientos y hay un subprocurador de la ética que anunció que después de elegidos los diputados no pueden estar en reuniones donde puedan ser peticionados o presionados. ¡Por favor! Este señor hay que devolverlo al cuarto año de colegio donde estudian lo que es “cívica”. Los abogados quieren que todo pase por el ahora muy cuestionado “poder judicial” y en especial por la Sala IV. Como producto, el concepto del “control” de la Asamblea Legislativa con frecuencia se ha convertido en un chiste.

El factor que debería ser tomado en cuenta al determinar si un contacto entre un ciudadano y un diputado es “tráfico de influencias” es si hubo lucro por parte de uno o ambos como resultado. Si el ciudadano que pidió ayuda para el techo de la escuela luego recibió el contrato para construirlo es “tráfico de influencias.”

Mi opinión es que los diputados deberían estar mucho más cerca de los ciudadanos que representan y deberían estar luchando por sus intereses. Se llama el sistema de gobierno en Costa Rica “República” porque así debería estar funcionando. Hay dos pasos que pudieran tomarse, ambas reformas constitucionales, para facilitar ese acercamiento. Primero, se podría permitir la reelección inmediata de los diputados; una sola vez. Segundo, se podría elegir a los diputados en distritos electorales donde solo saldría uno. Si el cantón de Garabito fuera distrito electoral, saldría un diputado de ese lugar en representación del pueblo que reside allí.

Los partidos políticos siempre se han opuesto a esas reformas porque les quitan poder; ahora los legisladores responden a la cúpula de su partido y no al pueblo que los eligió.

No estoy de acuerdo con una Constitución Política nueva, pero sí creo que hay que cambiar la manera en que se elige a los representantes del pueblo.

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