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Viernes 5 Febrero, 2010

Puentes: ¿cuál será el próximo?

A un mantenimiento no se le puede poner placa o inaugurarlo.
El país ha enfrentado, en año y medio, cuatro cierres de puentes por daños y fallos, dos de ellos con varias muertes que lamentar, e incluso en uno se produjo su colapso. Lo increíble de esto es que en ninguno medió un evento de la naturaleza, es decir no fue por un sismo o por una crecida del río que se presentaron estas situaciones. La razón, por increíble que parezca, fue la falta de mantenimiento a lo largo de más de 30 años.
No solamente es este gobierno el que no ha dado atención a los puentes, han sido los últimos ocho y la razón es bastante sencilla: al mantenimiento de un puente no se le puede poner una placa o inaugurarlo, por ello los políticos lo han dejado de lado.
El país carece de un programa de mantenimiento de puentes y las fallas que se están presentando, con todas sus consecuencias, comienzan a causarles un dolor de cabeza a los políticos, por lo que esperamos de ahora en adelante sí se les dé la atención que merecen. Pero el daño está hecho, ya no es solamente mantenimiento lo que requieren estas estructuras, también necesitan rehabilitación, y tendrán que dársela, pues el costo de no hacerlo es muy superior al costo de hacerlo. Estamos hablando de cierres de puentes en nuestras arterias principales, con grandes pérdidas en la producción del país y en el turismo, amén de la seguridad de todos los usuarios. El país requiere la urgente implementación de un programa de mantenimiento y rehabilitación de puentes que obedezca a razonamientos técnicos, no políticos, tal y como se ha discutido en diversos foros de ingeniería.
Primero fue en agosto de 2008, cuando falló un apoyo del puente sobre el río Guacimal y la carretera Interamericana Norte estuvo cerrada tres días; luego el puente sobre el río Virilla y el conocido problema de la “platina” que a mediados del año pasado causó grandes congestionamientos en la General Cañas y que aún no se ha resuelto; de seguido, en octubre, el colapso del puente sobre el Río Grande de Tárcoles entre Orotina y Turrubares, y ahora el puente sobre el río Lagarto, nuevamente en la Interamericana Norte. Todo esto nos hace preguntarnos: ¿Cuál será el próximo? Porque de seguro, habrá otro. Son muchos los que llevan más de 30 años sin que se les dé un poco de cariño. ¿Cuánto más esperan que aguanten?
Al próximo gobierno le corresponderá no solo evaluar el estado de todos los puentes, sino que además deberá iniciar la ejecución planificada de la rehabilitación y mantenimiento de estos. Para ello, se deben comprometer los recursos financieros necesarios que garanticen la ejecución continuada del programa de recuperación. De no hacerlo será más responsable que los últimos ocho gobernantes, pues no puede aducir desconocimiento del estado deplorable en que se encuentran nuestros puentes.

Roberto Fiatt Seravalli
Ingeniero civil