Randall Madriz

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Lunes 27 Octubre, 2014

¿Por qué se rasgan las vestiduras?

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Revisando notas que me fueran de utilidad para escribir estas líneas, encontré una columna publicada en este mismo diario el 29 de julio del año 2010, “Déficit fiscal, contención de gasto público y reforma fiscal”. En esa oportunidad, reflexionábamos sobre el desmedido incremento en el gasto público, el cual había sido atizado por las medidas tomadas durante la administración del presidente Arias dentro del marco del denominado “Plan Escudo”.
Así, hace más de cuatro años, hacíamos un llamado a contener ese gasto, ya que para el cierre de 2010 el déficit fiscal se iba a ubicar cerca del 4,8% del Producto Interno Bruto.
Hoy vemos como este mal no ha sido corregido sino que, por el contrario, año a año la tendencia al alza en el déficit fiscal se ve estimulada por un aumento rampante del gasto público. El último capítulo de esta novela lo firmó el actual Presidente de la República al avalar un aumento del 19,60% en el presupuesto de la República para el próximo año.
En medio de este sin rumbo presupuestario nuestro país recibió el grado de inversión que le otorgó la calificadora Moody´s.
Hoy sabemos el final de esa historia: la misma calificadora retiró el grado de inversión alegando que como consecuencia de la inacción del Gobierno, durante los próximos años se mantendrán los grandes déficits fiscales y habrá un aumento de la deuda pública.
Más allá de que los bonos de este país hayan caído a la categoría especulativa (“junk”, como lo indicó Bloomberg el mes anterior) a la luz de todo lo anterior, debemos cuestionarnos, ¿por qué le otorgaron a Costa Rica el grado de inversión? A mi criterio este país nunca debió recibir esa calificación.
Resulta evidente que Costa Rica ha carecido de disciplina fiscal durante los últimos años y, salvo el fenómeno del superávit primario en un año muy específico, la tendencia del déficit ha sido la constante.
En otras palabras, la patología que Moody´s diagnosticó y que motivó el retiro del grado de inversión no es otra aquella que hemos vivido de forma constante y que, objetivamente, era apreciable al momento en que se otorgó el grado de inversión.
Con posterioridad a la decisión de la calificadora fueron muchas las voces que se levantaron alarmadas por ese hecho. Sin embargo, la pregunta es: ¿Por qué se rasgan las vestiduras?
En mal momento llegó esa calificación positiva, pues la misma facilitó la colocación de más deuda soberana la cual le permitió al Gobierno mantener andando la maquinaria de un Estado sobredimensionado. Es así como el presupuesto de 2015 expresa que los gastos serán financiados en un 45% con deuda.
Lamentablemente estamos ante un serio problema y no resulta un alivio achacarles la culpa a las anteriores administraciones (aun y cuando eso sea cierto).
Tampoco podemos alegar que no se trata del único problema del país y que existen otros que deben atenderse. Lo cierto es que la solución para este en particular, no debe esperar más.

Randall Madriz
Abogado tributario
[email protected]