Por qué no nos atropelló la crisis 2007
Aquel que bien te quiere te ha de abrigar
El déficit fiscal ha generado un debate sobre las decisiones de política económica de los últimos años. Todas las decisiones en un gobierno son políticas, inclusive las económicas; no pueden, ni deben, ser estrictamente técnicas, pues lo social debe tener prioridad sobre los fríos números que preocupan tanto —con razón— a algunos.
Muchos economistas parten de que el que bien te quiere, por tu bien te ha de hacer llorar. Los verdaderos políticos partimos de una premisa diferente, inspirada por el amor al prójimo, que nos dice que aquel que bien te quiere, te ha de abrigar.
Economía y política son ciencias sociales. La primera es atrevida en sus pronósticos, algunos tienden a verla como ciencia exacta, lo que lleva a errores o deshumanizar decisiones. Por ejemplo, ningún economista imaginó la crisis del 2007-2008, al contrario, de previo visualizaban un gran ambiente de crecimiento e inversión.
Hoy se habla de la “Gran Crisis de Recesión 2007-2008”, que aún padecemos, nadie se refiere a ella como “La Gran Depresión”, concepto que sí fue utilizado en la crisis de los 30 del siglo XX. ¿Dónde está la diferencia? ¿Por qué no tuvimos en 2009 una depresión? Sencillo, aunque algunos economistas ultraconservadores lo nieguen, porque el Estado fue protagonista, inclusive en las potencias económicas, evitando la depresión.
No sucedió igual en los años 30, cuando apenas J.M. Keynes empezaba la teoría que dignificó e involucró al Estado en las grandes decisiones económicas, instrumento apto para sopesar crisis. En las soluciones de 2009, todos los economistas terminaron siendo keynesianos, hoy lo “olvidan”.
Costa Rica no fue la excepción. En 2007 y 2008 la Administración Arias —por primera vez en la historia— había logrado superávits fiscales, con una disminución importante de la pobreza (17%) y con bajo desempleo; pero en 2009 se vio obligada a afrontar la más grande crisis económica mundial.
Siendo una administración socialdemócrata —de tercera vía— y a sabiendas de que el pánico de nuestros inversionistas, empresarios y comerciantes los echarían atrás en invertir —reacción lógica a una crisis— y esconderían los “cincos”, tomó la difícil, inteligente y oportuna decisión de que el déficit fiscal aumentará un tanto. A sabiendas de que se requería una decisión política, no de puridad economicista, que contemplará la importancia de no deteriorar los índices sociales en el país; de lo contrario la crisis económica pudo acompañarse de una crisis social de magnitudes desestabilizadoras en lo político.
Esto no fue un invento de Óscar Arias; él tan solo tuvo la habilidad de copiar la fórmula que utilizaron las potencias mundiales para enfrentarse a una crisis de recesión y evitar algo más complicado, una depresión económica.
Arias hizo lo correcto, pues a pesar del sacrificio que representa un déficit fiscal, priorizó la estabilidad social. Abrigó a los más desvalidos en una crisis económica, evitando su castigo, que a lo mejor era la solución que algunos creían correcta desde los fríos números de la economía. Un buen político prioriza sobre el debe y el haber, el deber y el hacer. Así no se detuvo la inversión en salud, en educación y en infraestructura, como sí se hizo en los 80. Promovió la reactivación económica, evitó un desempleo masivo y una huida de la inversión privada nacional y extrajera.
Tal vez algún otro gobernante hubiese preferido mantenerse navegando en el medio de la crisis, no tomando decisiones que evitaran que la crisis iniciada en el 2007 nos envistiera. Como bien dijo Aneurin Bevan —laborista británico—: “Sabemos lo que les sucede a las personas que permanecen en el medio de la carretera. Son atropellados”.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo