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Viernes 24 Octubre, 2014

En vez de pensar en nuevos impuestos, pensemos en cobrar, con diferentes mecanismos, los ya existentes


¿Por qué más impuestos?

Es preocupante y atemorizante pensar que en este país cada nueva administración lo primero que nos quiere imponer son nuevos impuestos, cuando hay reconocimientos sumamente claros de la evasión que vive el fisco, y para ello basta releer lo que nos indicó don Luis G. Solís en su informe de 100 días de labores:
“El déficit fiscal es grave, supera el 6% de la producción nacional y para resolverlo tendremos que combatir con eficacia cada una de sus causas. No insistiré sobre el peso de la ineficiencia, el despilfarro y la corrupción en el déficit fiscal. Igual de importantes son la evasión y la elusión tributarias.
Me refiero a lo que los contribuyentes dejan de pagar, recurriendo a múltiples artimañas y, lo que el propio Estado deja de cobrar por incompetencia, permisividad o alcahuetería.
En 2012, la recaudación de impuestos alcanzó el 13,18% de la producción nacional, pero la evasión y la elusión tributaria, juntas, representaron un porcentaje mayor: el 13,37% del PIB”.
Con esta afirmación, ¿quién en su sano juicio acepta pagar más impuestos?
En lugar de pensar en nuevos impuestos, pensemos en cobrar con diferentes mecanismos de recaudación los ya existentes. Para eso propongo las siguientes tres ideas básicas:

1. Que se pongan escáneres de control de mercaderías en cada uno de los puntos de ingreso de estas al país, para importación o exportación. Desde hace seis años existen dos, los cuales se dice están en Limón, pero no se tiene idea de su uso (al menos para la gente de pueblo como el suscrito).
2. Se le permita a los consumidores descontar en algún porcentaje, aunque sea bajo, los actuales pagos a los profesionales independientes, como médicos, abogados, etc.
3. En lo particular estaría de acuerdo en que se cobre un 1% más en el impuesto de ventas, si el mismo se me devuelve (íntegro) seis meses después, los comerciantes a los que les pago el impuesto tienen que reportarlo al fisco, para lo cual habría que establecer todos los mecanismos para que eso se genere, en donde si el comerciante no reporta el pago que efectué, pague una multa equivalente a 20 veces el monto defraudado (en un máximo de dos meses desde el momento en que pongo la denuncia y el fisco detecta la irregularidad).
Si por el contrario, yo denuncio falsamente, deberé pagar 20 veces el monto que estoy reclamando (en dos meses también). De esas multas que el fisco se deje un 50% y a mí o al negocio (según corresponda) se le pague el otro 50%. En caso de no pagar, que se establezca un proceso penal de cobro (que se cree esa figura jurídica), tanto para el evasor como para el que falsamente haga el reclamo injustificado.
Ya es hora de que planteemos mecanismos que permitan el cobro eficiente de los recursos que efectivamente el consumidor está pagando al Estado.
Para eso tenemos que innovar, mecanismos alternos de cobro que son en gran parte responsabilidad del Ministerio de Hacienda. Para ello debemos colaborar todos según la función que nos toque desempeñar, ya sea como promulgadores de la ley, consumidores o recaudadores.
Pero el cobro no debe recaer sobre quienes ya pagan, sino establecer mecanismos eficientes para que recaiga sobre evasores y que los recursos que se recauden no se queden en el camino.
¡Como bien lo apunta el Sr. Presidente! Estos deben llegar al propósito para el cual se han establecido los impuestos.

Randall Castro Vargas

Economista