La soledad, el aislamiento y el miedo al contacto humano son el eje de Moscas, la nueva película de Fernando Eimbcke, que se estrenó esta semana en cines de Costa Rica.
La historia sigue a Olga, una mujer que vive bajo estrictas rutinas hasta que alquila una habitación por necesidad económica y su vida cambia inesperadamente.
Para Eimbcke, la película surgió al observar cómo el aislamiento gana espacio en la vida cotidiana y modifica la forma de relacionarse.
"Se empieza a construir estos edificios con bardas para que no pase nadie, como este miedo al extraño. Creo que eso fue permeando en la película", afirmó Eimbcke.
El cineasta explicó que también eligió filmar en blanco y negro para reforzar la historia y transmitir la esencia de la infancia.
"Hay algo del blanco y negro que capta lo esencial de la infancia", señaló Eimbcke.
Agregó que la ausencia de color también fortalece el estado emocional de Olga, un personaje que intenta evitar el dolor mediante una rutina rígida.
La película aborda además temas como la vulnerabilidad económica y las dificultades para acceder a servicios de salud.
"Me duele la injusticia", dijo Eimbcke al referirse a las diferencias en el acceso a la atención médica.
El director aseguró que el cine no busca enviar mensajes directos, sino contar historias desde una mirada humana.
"Nosotros en el cine no estamos para mandar mensajes. Nuestra tarea es contar historias", expresó.
Eimbcke también calificó a Moscas como la obra más especial de su trayectoria y aseguró que representa un regreso a elementos que marcaron sus inicios.
"Es la película más bonita, de hecho, es la que más cariño le tengo", afirmó el director.
Sobre su distribución, destacó la importancia de mantener las salas de cine como espacios para compartir historias con otros espectadores.
"Ver una película en comunidad, reírte con una comunidad, llorar con una comunidad, sí hace la diferencia", concluyó Eimbcke.