Enviar
Lunes 6 Junio, 2011

Política agrícola y preferencias de los ciudadanos

Pocas oportunidades se nos presentan para observar claramente el rumbo que deben tener las políticas, como la que hemos presenciado recientemente mediante la respuesta social al problema de comercialización de los frijoleros nacionales.
Después de haber sido rescatados los granos básicos como prioridad nacional a través del Programa Nacional de Alimentos en el contexto de la crisis alimentaria mundial, los productores han respondido, pero las políticas han quedado muy rezagadas en lo comercial.
Las grandes distorsiones introducidas por agentes de mucho impacto en el sector no han sido atendidas y menos el desarrollo de canales alternativos de comercialización que favorezcan a los pequeños productores nacionales.
La respuesta ha tenido que ser improvisada: el año anterior con actividades solidarias en las universidades; en el presente año con la participación mediática del Canal 7 y centros comerciales, se dio salida en parte a la producción no comprada por los agentes convencionales, porque según ellos los frijoles nacionales son muy caros. La respuesta de los ciudadanos y una toma de conciencia pública del problema lograron que el consumidor manifestara sus preferencias.
El consumidor que hizo filas en los puestos improvisados de venta no necesariamente era un consumidor de ingresos altos, que quería “darse el lujo” de comprar frijoles por un sentimiento romántico. En realidad ha sido un consumidor “pueblo” que estaba ahí porque reconoce aspectos que en términos actuales refieren a la diferenciación del producto. No solo el precio juega sino su calidad, su origen, su huella social, su aporte al desarrollo social nacional. Interesante ha sido el resultado de que ante esa voluntad ciudadana, finalmente las grandes cadenas de supermercados han tranzado con los productores de frijoles.
Esta experiencia nos hace recordar cuando se impulsó el Programa de Ferias del Agricultor durante la administración Carazo Odio, el cual fue muy criticado en su momento, pero que terminó siendo el último gran esfuerzo de política pública nacional en proveer una forma de comercialización alternativa. Este programa ha sido muy exitoso, aunque ya requiere un replanteamiento y modernización.
Las lecciones son muchas. Toda política debe estar acorde con las preferencias de los ciudadanos, cuya racionalidad pareciera que va más allá que la simpleza de los libros de texto. Hay espacio para mecanismos alternativos de comercialización, sean estas nuevas vías de comercialización, mecanismos de diferenciación y trazabilidad del origen del producto, incremento de productividad, fomento de nuevos actores en la comercialización que garanticen competencia y más y mejores opciones para los consumidores.

Rafael A. Díaz Porras
Fernando Sáenz Segura
Académicos - Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible - UNA