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Perpetuando la pobreza

Carlos Denton [email protected] | Miércoles 23 julio, 2008


Perpetuando la pobreza

Carlos Denton

La semana pasada una conserje que laboraba para la CID/Gallup renunció por una razón que encuentro insólita. Anunció que el salario de ¢180 mil que recibía era demasiado elevado, y que si el Banco Hipotecario de la Vivienda (BANHVI) se enteraba, no le daría el bono de ¢8 millones que ya se le había aprobado. Prefirió, entonces, regresar a trabajar por horas en hogares, donde ganaba ¢70 mil mensuales.
De nuestras oficinas llamamos sin identificarnos a esa institución adscrita al Ministerio de Vivienda, y confirmaron que cualquier persona que ganara más de ¢130 mil no calificaba para el bono completo.
El proceso para conseguir un bono de vivienda es de varios años, entonces aparentemente una persona que ha solicitado este beneficio tiene que hacer todo lo posible por continuar en la pobreza para seguir siendo elegible. El objetivo principal de los programas para amparar a los más necesitados del país debería ser el de facilitar a estas personas las herramientas para que puedan mejorar sus ingresos, y su calidad de vida —por lo visto el programa del BANHVI, dirigido por el muy bienintencionado Henio Rodríguez, no siempre está cumpliendo. Todo lo contrario, los “clientes” tienen que mantenerse en la pobreza por lo menos hasta que tengan el bono de vivienda firmemente en la mano.
También surge la pregunta de ¿cómo podrá una persona que gana ¢100 mil o menos al mes mantener un hogar propio? Con las cuentas de luz, agua, teléfono, transporte, útiles y la comida familiar, es dudoso que quede mucho para otros propósitos. Un galón de pintura ahora cuesta unos ¢7 mil, y si se usan los bombillos que ahorran energía, cuestan más o menos ¢1.000. Es dudoso que la vivienda reciba mantenimiento, y si ese es el caso, rápidamente se convertirá en un tugurio similar al que abandonó la persona al recibir el bono.
Cualquier programa de ayuda social que establezca un techo a lo que puede ganar la persona para ser elegible merece una evaluación. Se entiende que el estado no puede o no debe estar subsidiando a familias que perfectamente pueden sufragar los costos de lo que necesitan. Pero tampoco debería estar suprimiendo el interés que tenga más de uno por superarse.
Hay países donde tres o cuatro generaciones de los habitantes han quedados atrapados en la pobreza, no porque sean haraganes o hayan tenido muy mala suerte, o cualquier otra razón, sino porque el mismo sistema estatal los amarra a un sistema que no tiene salida.
Claro que existe otra posibilidad. Quizás algunos de los que están recibiendo el bono de vivienda realmente ganan más de lo que han declarado en los formularios, pero no lo ha detectado el BANHVI.
O, peor aún, no han querido investigar los funcionarios de la institución si es cierto lo que dicen los papeles, por razones políticas. En este caso el error de la conserje que renunció de la CID/Gallup consiste en que es una persona honesta. El problema es que no es tanto así, porque nos propuso que reportáramos un salario más bajo de lo que ganaba, y felizmente quedaría laborando en la empresa. No aceptamos.
¡Quizás la situación descrita resulte sumamente anómala! Mi opinión es que más bien es típica no solo en programas del BANHVI, sino en otros de igual trascendencia.

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