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Como país tenemos un reto de gran trascendencia. Poner a nuestra población en condiciones mínimas aceptables para que se produzcan con éxito los procesos educativos en todas las capas de la sociedad.

¿Habrá alguna posibilidad de llegar a un gran acuerdo nacional para ello?


Peligroso porcentaje


Un 54 por ciento de la población costarricense entre los 17 y los 21 años de edad no posee educación secundaria en Costa Rica, de acuerdo con el estudio del proyecto Proeduca, financiado por la Unión Europea.
¿Qué hemos hecho tan mal como país para estar en esa dolorosa situación?
Este medio enfatizó siempre en la importancia de la educación para el progreso y el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes, para el avance del país hacia un adecuado desarrollo.
No obstante, es evidente que nuestros gobernantes no llevaron adelante un plan nacional de desarrollo que contemplara los diversos aspectos que pueden afectar negativamente la educación de nuestros niños y jóvenes.
Pareciera que solo prevaleció en los últimos gobiernos, la idea de que todo se lograría si se asignaba el 8% del PIB a la educación y se daban algunas becas a las que, de todos modos, no se les dio seguimiento alguno para medir sus resultados.
La realidad es que los demás factores que llevan a un estudiante a dejar las aulas no fueron atendidos.
Costa Rica debe superar el grave problema de la pobreza y la desigualdad, de la pérdida de los más importantes y mejores valores del ser humano. Debe recuperar lo mejor de su propia cultura y unir esto a una sólida educación.
El nuestro fue históricamente un pueblo solidario que les permitió a todos vivir dentro de un margen de dignidad y con las principales necesidades satisfechas.
Ello significó una paz social y un clima propicio para el estudio, el trabajo, el progreso y el bien común.
Esto se ha deteriorado seriamente en un proceso que muchos quizás no hayan advertido porque se da a lo largo del tiempo, no de un día para otro, pero que genera consecuencias tan graves como el hecho de que más de la mitad de nuestros niños y jóvenes no alcancen ni la educación secundaria.
Sabemos que esta herencia que se suma a tantas otras que el gobierno ha recibido y debe cambiar, no son algo factible de realizar en el corto plazo. Pero el proceso debe al menos comenzar y con un plan sostenible que pueda medirse cada año.
Los buenos principios y el entusiasmo por aprender se adquieren en el hogar por medio del ejemplo. Sin embargo… ¿cuánto se entorpece este proceso natural en una familia disfuncional, sumida en la pobreza o con enfermedades sin atender?
Como país tenemos un reto de gran trascendencia. Poner a nuestra población en condiciones mínimas aceptables para que se produzcan con éxito los procesos educativos en todas las capas de la sociedad.
¿Habrá alguna posibilidad de llegar a un gran acuerdo nacional para ello?


 



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