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Lunes 17 Enero, 2011

Paz, desarrollo y crecimiento social

El mundo actual vive momentos de violencia e injusticia, que muestran la urgencia de llegar a crear un panorama de largo plazo que oriente el desarrollo, prevalezcan los valores éticos y se alcancen los compromisos para solucionar los problemas más acuciantes de la sociedad.
Las estadísticas de la violencia y la guerra son muestra rotunda del dominio del pensamiento bélico y violento en la sociedad. La paz es algo más que ausencia de guerra, y no serán los policías ni los soldados quienes garanticen definitivamente la paz del mundo, sino que esta será alcanzada por el hombre a través de la autodisciplina y la meditación.
Todo amante de la paz debe comprender claramente que la causa última que arrastra a los hombres al conflicto, al enfrentamiento y, finalmente, a la guerra, es el egoísmo y sus secuelas, la intolerancia, el orgullo y la ambición.

Esto supone que la paz hay que conquistarla. Los verdaderos enemigos de la paz son las pasiones, la cólera, la avaricia, la ambición, los deseos y los celos que empujan constantemente al ser humano a acciones violentas, cegándole a toda razón.
Sin embargo, la paz es un atributo divino, una cualidad del alma. La paz es el factor más importante e indispensable para todo crecimiento y desarrollo, por lo tanto no puede permanecer en las personas avariciosas.
La paz es el proceso de búsqueda de justicia en los diferentes niveles de relación humana. Este es un concepto dinámico, el cual nos lleva a hacer brotar, arrastrar y solventar los conflictos de manera reposada, con el fin de alcanzar la armonía de la persona consigo misma, con la naturaleza y con los demás.
Mahatma Gandhi dijo: “No hay un camino hacia la paz, la paz es camino”. Por ello, la reiteración en la educación para la paz, radica tanto en su método como en su contenido. La paz no es una meta, sino un proceso, por el que hay que aprender a entrar en los conflictos y resolverlos de forma positiva sin usar la coacción.
No obstante, las relaciones humanas son siempre conflictivas y la superación pacífica y positiva de estas situaciones es precisamente la forma de convivencia armónica de las distintas culturas, pueblos, religiones, géneros, razas y demás diferencias que puedan servir de excusa para la división, el antagonismo, el odio o la incomprensión.
La educación para la paz es por tanto un proceso que debe estar presente en el desarrollo de la personalidad, y como tal debe ser continuo y permanente, donde todas las comunidades educativas se esfuerzan por integrar elementos pacificadores (democráticos, solidarios, tolerantes y justos) en su desarrollo.
Finalmente, la evolución de la humanidad no puede explicarse sin guerras ni conflictos y es precisamente aquí, donde la educación constituye una herramienta fundamental, que supone, enseñar y aprender mediante el diálogo a resolver los conflictos que están presentes y permanentes en nuestra sociedad.

Luis Fernando Allen Forbes
Director ejecutivo
Asociación Salvemos el Río Pacuare