Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 1 Noviembre, 2013

Los partidos deben saber que en no pocas ocasiones los ciudadanos están mejor informados que ellos


Partidos y campaña electoral

En sus palabras de lanzamiento de la campaña electoral, el presidente del TSE afirmaba que la distancia entre los partidos y el electorado es abismal. Este diagnóstico me parece correcto, si bien habría que preguntarse si las razones aducidas son la causa o tan solo un efecto de este deplorable distanciamiento entre partidos y ciudadanos.
En realidad el fenómeno es más complejo. Como columna imprescindible del engranaje de la democracia representativa, los partidos surgieron con las revoluciones democrático-burguesas a partir de la Revolución Gloriosa (Inglaterra, 1688). Esto llevó a concebir el Parlamento como verdadero órgano de poder y expresión de la democracia, concebida esta como respuesta revolucionaria al absolutismo de las monarquías pretendidamente de origen divino.
Pero actualmente vivimos una nueva revolución. Y es el pasaje de la democracia representativa a la democracia participativa, expresión en el ámbito político de la gran revolución científico-tecnológica que vive la humanidad y que se basa en el concepto de INFORMACIÓN.
Toda información es, en el fondo, una orden, un mandato, un imperativo, es decir, impone un cambio de conducta en quien la recibe. Informar es ordenar. La palabra ordenar significa poner orden, establecer una nueva relación formal y material entre las partes que constituyen un todo complejo (organismo) gracias a que, quien da la información, tiene el poder de imponer ese nuevo orden.
Hoy en día, la tecnología de la información está revolucionando las relaciones de poder contribuyendo, gracias a la globalización, a que la humanidad tome conciencia de su propio poder global; lo cual implica un cambio radical en las relaciones de poder en el orden mundial.
Wikileaks y Snowden constituyen la “vanguardia revolucionaria”. Han logrado que Occidente se descomponga en pedazos y se enfrenten entre sí, como lo prueba el enojo de Frau Merkel, la imbatible emperatriz de Europa, secundada por los otros gobiernos vecinos (excepto la “pérfida Albión”), por el espionaje de Washington. Hoy el pueblo norteamericano duda de si realmente viven en democracia o sumidos en el peor de los despotismos que husmea incluso su vida íntima.
Dentro de este contexto, los partidos políticos deben fungir como correa de trasmisión entre el pueblo y las cúpulas de todos los poderes: político, financiero, informático, educativo.
Los partidos deben saber que en no pocas ocasiones los ciudadanos están mejor informados que ellos.
Por eso, la escogencia de los candidatos, la elaboración del programa de gobierno y las propuestas, las estrategias de campaña y el mensaje deben fundarse y justificarse ante una opinión pública que ya no es un sujeto pasivo sino que interactúa y exige participación.
El partido que no lo haga confunde una campaña electoral con una de publicidad comercial y corrompe la actividad política, convirtiéndola en una manipuladora estrategia de mercadeo en una sociedad ahíta de consumo y anhelante de autenticidad.
Más que hablarle al pueblo, los partidos deben aprender a escucharlo durante y fuera de campaña. Solo así podrán volver a ser columna del edificio de la democracia.

Arnoldo Mora