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Lunes 2 Agosto, 2010

PARLA TICA

Fue Mr. Poinset, un destacado diplomático estadounidense, quien durante su misión como embajador en México descubrió las bellas pastoras para nuestros rubios primos, durante un frío diciembre.
Ni lerdo ni perezoso envió las flores a su país y, dado que el verde y el rojo son los colores que anuncian la Navidad por aquellas nórdicas regiones, las pastoras fueron declaradas símbolo navideño por excelencia, dando origen a un hermoso decorado y a un próspero negocio.
Agiles como somos los latinoamericanos para imitar a los gringuitos, inmediatamente equiparamos las flores al tamal y al pasito, decorando nuestras casas, calles y negocios con las hermosas flores en la época decembrina.
Y allá en Venezuela vivía por los altos y frescos montes cercanos a Maracaibo un agricultor de apellido Pacheco, quien ni lerdo ni perezoso se dedicó a sembrar y comercializar “poinsetias”, como habían sido bautizadas las pastoras en Estados Unidos en honor de Mr. Poinset.
Cuando soplaban los fríos alisios anunciando la Navidad, Pacheco bajaba de sus montañas trayendo pastoras para vender.
Así, la gente asoció la llegada de los helados nortes con la presencia de Pacheco y mi apellido pasó a ser sinónimo de frío.
La costumbre trascendió fronteras y hoy en Venezuela, Ecuador, Costa Rica y algún otro país de la zona, frío es pacheco y pacheco es frío.
De ahí que en mis tiempos de colegial yo pasé a ser Abel Frío, a pesar de mi temperamento cálido, quizá hasta hirviente en aquellos juveniles años.
No me preocupa que se le dé ese significado a mi apellido.
En cambio, cuando mi primo Rubén me mostró muy orgulloso una camiseta traída desde México con la leyenda “SOY TOTALMENTE PACHECO” impresa, no me hizo nada de gracia ya que en la querida Nación Azteca, ¡estar pacheco significa estar marijuaneado!”.

Abel Pacheco de la Espriella