Nuria Marín

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Lunes 24 Noviembre, 2008

Creciendo [email protected]
Paradojas de nuestro tiempo

Nuria Marín

Hace poco tuve el privilegio de departir como panelista con la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, en el foro organizado por la Universidad Interamericana, “El papel sociocultural de la mujer de cara a la globalización: cambios y perspectivas”.
Excelsa oportunidad para reflexionar a profundidad un tema de actualidad que atañe no solo al 50% de la población que somos las mujeres, sino al bienestar y prosperidad de la sociedad en general.
Vale destacar el interesante énfasis que doña Rigoberta hizo en cuanto a la necesidad de trabajar en mejorar la autoestima de las personas, tema que golpea con especial dureza a las mujeres, pero que también pasa una cara factura a los pueblos latinoamericanos. Recordé en ese momento, una máxima aprendida hace ya varios años: lo obvio es lo más difícil de ver.
Vivimos en un mundo cada vez más complejo. A los problemas de antaño, se suman fenómenos recientes como el cambio climático, los altos precios de alimentos, el terrorismo, entre otros. La crisis financiera iniciada en Estados Unidos contamina y globaliza sus efectos dejando al desnudo debilidades de alcance global. La confusión, desasosiego y el temor son el plato de cada día del que ningún rincón ni familia del mundo se exceptúa.
En la búsqueda por enfrentar duras realidades, los seres humanos muchas veces nos centramos en buscar elaboradas y complejas soluciones, o bien repetir una y otra vez erradas soluciones del pasado, esperando ingenuamente un resultado diferente. Empero, como tantas veces nos demuestra la historia, la respuesta puede estar justo frente a nuestras narices. ¿No será la mejor receta concentrarnos en lo esencial?
Una sociedad que fomenta la autoestima obtiene personas seguras y motivadas, con sentido de pertenencia y finalidad, con claros objetivos, efectivos, concretos y alcanzables. Al dirigir sus energías a la consecución de las metas, se sienten satisfechas al alcanzar lo que se proponen, lo cual les reafirma aún más su valía y confianza frente a la adversidad. Sin lugar a dudas, un círculo virtuoso.
Una sociedad centrada en fortalecer las familias como el mejor medio para gestar seres humanos seguros, asertivos e independientes, reforzado por un sistema educativo humanista, enfocado en valores y exitoso en el difícil arte de formar con límites y dar, a la vez, libertad al potencial creativo e innovador de sus educandos. Una sociedad que respete las especiales y particulares habilidades y capacidades individuales, y a la vez cree una cultura que incentive y facilite las sinergias colectivas.
Frente al histórico subdesarrollo mental característico de los países menos desarrollados como en nuestra querida América Latina, qué mejor receta que invertir en la fortaleza de carácter de los y las ciudadanas, repuesta que por obvia, resulta paradójicamente difícil de ver.