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¿Cumplimos las reglas fiscales?

Existe una amplia discusión con relación al rol fiscal en la coyuntura actual. Esta se debate entre la inconveniencia de reducir el gasto o aumentar los impuestos para equilibrar las cuentas gubernamentales justo cuando la actividad económica se está debilitando y la potencial imprudencia de endeudar al Gobierno más allá de sus posibilidades de repago en el futuro.
En Estados Unidos esta discusión se enmarca en lo legal. El Gobierno Federal no está autorizado a sobrepasar un monto definido de deuda y para lograrlo en agosto pasado fue necesaria una aprobación del Congreso. Una enérgica negociación en ambas Cámaras logró un acuerdo que amplió el techo de la deuda, pero condicionado a que se implementaran reducciones al gasto equivalentes al menos al monto en que se amplió el límite. Esto en un plazo de diez años.
Costa Rica también cuenta con un marco normativo que limita su déficit. Los principios presupuestarios de anualidad, universalidad y equilibrio presupuestarios definidos en los artículos 176, 177 y 180 de la Constitución y ratificados por los magistrados de la Sala Constitucional en el Voto No 6859-96, así como en ocasiones posteriores, imponen que los gastos corrientes del Gobierno no excedan recurrentemente sus ingresos ordinarios. Sin embargo, desde hace muchos años esto no se ha cumplido y en la actualidad cerca de un 15% de los gastos corrientes del Gobierno Central se financian con deuda.
En 2009, el Gobierno optó por un aumento del gasto corriente en su planilla, con la intensión de contrarrestar el shock negativo de la crisis internacional. Como resultado, hoy nuevamente estamos ante la urgente aprobación de un proyecto de ley para aumentar los impuestos para corregir la apremiante situación fiscal.
Para asegurar la aprobación del proyecto, la presidente Chinchilla acordó con el PAC la sensitiva inclusión de impuestos a las empresas de Zonas Francas, por considerarlo menos gravoso que postergar una solución para las finanzas públicas. Pero con seguridad otras bancadas le pueden ofrecer una alternativa más atractiva que reduzca el componente de gasto, con la meta de alcanzar el equilibrio fiscal que requiere la Constitución en un plazo perentorio, pero razonable.
Así como una familia debe esforzarse por ahorrar para enfrentar situaciones adversas inesperadas o aprovechar oportunidades eficazmente, el Gobierno no puede ser indiferente, incluso se le debe exigir el acatamiento del estándar más alto que las reglas fiscales vigentes exigen. Para poder alcanzar disciplina fiscal, primero debemos alcanzar disciplina gubernamental.

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